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La razón de Estado

Decía Rafael Sánchez Ferlosio este domingo, entrevistado por Arcadi Espada en El Mundo, que si aceptas el Estado aceptas la razón de Estado. Es decir los GAL y la idea de que el fin justifica los medios siempre que el fin sea la supervivencia del Estado y los medios no acaben implicando tirar al niño con el agua de la bañera. Un límite resbaladizo como pocos, efectivamente. Se supone que Ferlosio estaba hablando del Estado democrático, porque a fin de cuentas también Corea del Norte es un Estado. De hecho, todo Corea del Norte es una enorme razón de Estado. De razón de Estado coreano del norte, claro. 

La duda es qué hacer cuando es el propio Estado a corto plazo el que pone en peligro al Estado a largo plazo. O cuando es la democracia (formal) la que permite que lleguen al gobierno aquellos que quieren acabar con la democracia. Si la democracia es sólo voto, abrimos la puerta al gobierno de la muchedumbre y sus neuras criminales del momento, llámense islam, comunismo o nacionalismo. Es decir a la locura colectiva. Pero si es sólo el derecho, entonces se la abrimos a Hitler y Erdogan y Maduro. Es decir a la locura individual. El debate es viejo y a sus extremos se les llama iusnaturalismo y positivismo jurídico, que son dos formas de idealismo metafísico (la opción correcta es la tercera: el realismo jurídico). No lo vamos a solucionar en una columna.

El remedio para la locura colectiva, es decir para la deformación del iusnaturalismo, ha sido tradicionalmente la guerra civil. La solución para la locura individual, es decir para la deformación del positivismo jurídico, el magnicidio. El problema es que la guerra civil y el magnicidio tienen muy mala prensa hoy en día. No tanta el golpe de Estado, siempre que el golpe lo den los nuestros. Pero cuando ni siquiera eso es posible, ¿qué camino nos queda? Probablemente sólo el de Siria, Venezuela y Turquía. Asistir desde el sofá de casa a la putrefacción de esos Estados y añorar aquellos tiempos mejores en que lo arreglábamos todo a tiros. Porque al menos lo arreglábamos.

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