Javier Capitan

La regla de “20 por”

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha anunciado su intención de establecer un límite para los salarios tanto en el sector público como en el privado para “para reducir la desigualdad”.

Opinión

La regla de “20 por”

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha anunciado su intención de establecer un límite para los salarios tanto en el sector público como en el privado para “para reducir la desigualdad”.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha anunciado su intención de establecer un límite para los salarios tanto en el sector público como en el privado para “para reducir la desigualdad”.

Correa ha afirmado: “el gerente de Telefónica o del banco quiere ganar 60.000 dólares, perfecto, pero máximo veinte veces lo que gana el último de sus trabajadores”.

La regla ecuatoriana de la igualdad, por tanto, establece como límite de progreso social situarse veinte veces por encima de la referencia más baja. Aplicar esta regla en lo salarial será sin duda aplaudido,  sobre todo por quienes son tomados como referencia, es decir, entre los últimos. Cuantos más asimilados a la categoría de últimos haya en un país, más serán quienes salgan a la calle a vitorear a un presidente “igualitario”. 

Sin embargo, es posible con los penúltimos en la escala del pensamiento, entre los que, por vanidad, me auto sitúo, vean en la aproximación “correana” un parche a posteriori en la desigualdad, cuando lo que habría que hacer es corregirla a priori para minimizar su aparición. 
Propongo, por tanto, extender la regla del “20 por” a otros terrenos. En el colegio o la universidad, por ejemplo, se podría limitar el tiempo máximo de estudio a veinte veces lo que dedica al aprendizaje el más gandul de los alumnos. El mismo principio podría aplicarse en el conservatorio, de tal forma que el tiempo de práctica de los futuros virtuosos del piano o el violín no pueda exceder veinte veces el del último alumno. La orquesta nacional ecuatoriana posiblemente sería el compendio de todos los desafinados, pero nadie la superaría en igualitarismo desentonado.

Hasta conseguir aproximar toda la sociedad al último, de momento se me ocurren medidas coyunturales. Por ejemplo, en la próxima maratón de Guayaquil, si el primero en retirarse lo hace al kilómetro y medio, la meta se trasladará ipso facto al kilómetro treinta. Las diferencias de tiempo en meta serán así bastante menores. 

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