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La responsabilidad de un partido

Todos sabemos que el Congreso del Partido Popular ha sido previsible y aburrido. Las ideas y las ideologías han brillado por su ausencia. No ha habido el menor esfuerzo por construir un marco de referencias culturales que dé sentido a la acción de gobierno. El PP –colmo de la abyección- ha asumido de una vez por todas su condición socialdemócrata. La vocación liberal-conservadora ha sido traicionada.

Todo esto está muy bien, aunque no habría que olvidar que el Congreso del PP ha reafirmado al partido como el eje fundamental de la política española, es decir, del régimen democrático de nuestro país. Viene siéndolo desde 1989, un año antes de que el PSOE consiguiera su última mayoría absoluta. (Van ya casi treinta años, casi dos generaciones de españoles que no han conocido una mayoría absoluta socialista, con lo que eso significa en términos políticos, sociales y culturales.)

Hoy la circunstancia ha cambiado. La izquierda, en trance de desaparición en todo el mundo, ha explotado y ha dado paso a los nacional populismos más o menos de izquierda. A su vez, en muchos países desarrollados el centro derecha ha implosionado, lo que también deja la puerta abierta a otra clase de nacional populismos, igual de desestabilizadores que los primeros.

En España hemos conseguido sortear esta última deriva gracias a la solidez del PP, que ha propiciado cambios muy profundos en la sociedad y en la economía española, al tiempo que ha variado de fondo el enunciado de problemas tan arraigados como el de los nacionalismos, en particular el catalán. El Congreso del Partido Popular ha permitido comprobar que los afiliados y los dirigentes del partido conocen el valor del instrumento que tienen entre manos y la responsabilidad que les corresponde. También europea: el Partido Popular no está dispuesto a dejar de ser uno de los dos grandes partidos de centro derecha de la Unión.

Por supuesto que se le podía pedir al Congreso más diversión y más entretenimiento –dejando a un lado, claro está, el personaje forjado por Mariano Rajoy. Ahora bien, si además de eso se le pide a un partido seriedad, conciencia de los retos históricos que afronta y unidad para seguir siendo el puntal básico de la Monarquía parlamentaria, como en cierto sentido está condenado a ser, se habrá de reconocer que el Congreso del Partido Popular ha sido uno de los acontecimientos políticos más interesantes y reconfortantes que se podían producir.

Lee también la opinión de Rafa Latorre:

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