Jorge San Miguel

La ruptura

«Hablamos de la ruptura, pero también podríamos hablar de la 'raptura', el arrebatamiento por la segunda venida de Sánchez»

Opinión

La ruptura
Foto: Ramón González Férriz

Hace cosa de un mes, Ramón González Férriz me invitó a presentar su último libro en la SER, un poco a modo de duo cómico. Así que la tarde anterior me lo leí con esa curiosidad un poco boba de ver qué se dice de uno. Pero mientras avanzaba en La ruptura no podía evitar preguntarme a quién le puede interesar todo esto. No por Ramón, claro: el libro es diáfano y casi insultantemente imparcial -a veces parece que Ramón contaría en el mismo tomo que llegan los extraterrestres o que Gengis Khan ha arrasado su apartamento y se ha llevado a su mujer. Sino por todo lo demás: una historia seguro que tan vieja como la política, y en la que ninguno de los personajes parece especialmente memorable. Incluso si tiene el interés de echar un vistazo a ras de suelo sobre hechos recientes de nuestra historia política, no estoy seguro de que la perspectiva personal -no la del autor, sino la de los historiados- aporte más luz que sombras.

No obstante, como me gusta que a mis amigos les vaya bien, y aquí hay al menos dos implicados, celebro que el libro haya generado cierto revuelo y un buen puñado de reseñas y artículos de opinión. No pensaba unirme al coro, pero como entre ellas ha habido también no pocas fabulaciones, gente arrimando el ascua a su sardina particular y hasta algún jeta que pasaba por allí y ha querido posar para la foto, anoto algunas impresiones.

La primera, que niego la mayor de la interpretación fuerte del título: yo no he perdido amigos. He perdido, sí, la asiduidad de algunos; y sobre todo un espacio común -virtual y real- donde compartíamos con otros ciertas inquietudes. Cuando Ramón me llamó el otoño pasado para hablar del texto, que aún no sabía si sería un artículo largo, un libro o qué, quedamos a comer y charlamos de ello con naturalidad. Como se explica en La ruptura, un artículo publicado en esta casa hace ahora tres años tuvo un papel destacado, no tanto en la quiebra del espacio cuanto en la constatación de que se había producido. El artículo podía haber molestado a los promotores de la comida narrada. Lo hizo, vaya. Pero hoy los dos siguen siendo amigos míos -aunque sea por la extraordinaria bonhomía de Miguel.

La segunda, que aquel grupo -amigos y menos amigos- se congregó en torno a un par de ideas o causas. Primero de todo, antes del golpe catalán, el «reformismo» es un sentido amplio, quizás algo vago, pero identificable sin problema en los contornos del acuerdo de gobierno Cs-PSOE de 2016, e incluso en el posterior acuerdo de investidura con el PP si la sustancia hubiera sido lo importante. Luego, de forma muy intensa en el otoño-invierno de 2017, en la oposición al golpe y, de modo más general, a la invasión del espacio público por el independentismo institucional. Ambas causas requerían un PSOE centrado y leal al «bloque constitucional», y acuerdos al margen de quienes habían demostrado que no lo eran: los partidos independentistas, pero también Podemos.

Lo que se vino a demostrar andando el tiempo y la moción fue que era sencillo ser «reformista» contra Rajoy, pero bastante menos cuando son los propios los que ejercen de tapón de las reformas. Se demostró también que la militancia pro-C78 de algunos era tan circunstancial como la del propio PSOE en 2017, y que al fin de eso iba todo. Hablamos de la ruptura, pero también podríamos hablar de la «raptura», el arrebatamiento por la segunda venida de Sánchez. Porque algo tuvo que ver en la quiebra quien decidió que no era momento de hablar de los temas que unían y sí de los que separaban -la salience, por decirlo en jerga de politólogo. Y quizás tampoco se pueda pasar por alto que quien llegó al poder con la bandera de la dignidad y la lucha contra la corrupción, lejos de dignificar nada, emprendiese acto seguido la mayor operación de ocupación de lo público y soft corruption a todos los niveles de los tiempos recientes.

Pero de nada sirve relitigar hechos pasados ni obsesionarse con una Dolchstosslegende. El PSOE realmente existente es el PSOE posible -incluso, o sobre todo, aritméticamente-: el que hay. En La ruptura, Ramón me acredita con generosidad haber acertado en mis predicciones en el artículo de marras. No era difícil. Dije en su momento que no existen las «mayorías para un día», y así ha sido. Habrá indultos porque interesa que los haya, y los habrá cuando interese. Habrá con toda probabilidad una consulta, llamada de una forma u otra, y tendremos que volver a tirar a la papelera tantas cosas que se dijeron en el otoño y el invierno del 17. Habrá gobiernos con Bildu. Y el espacio de la hipótesis radical-socialista tal vez tarde décadas en reconstruirse, si lo hace. No pasa nada: vivir es aprender o es otra cosa. A los que les toque, si llega ese momento, mejor fortuna y mejor acierto.

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