Jon Navascues

La trencita y el Uzi

Éste es un cuento que avanza paralelo y acaba perpendicular. De disparos y disparates. El de dos antagonistas, cada uno con su historia, sin ninguna intención de encontrarse. El de dos protagonistas cuyo destino se cruzó.

Opinión

La trencita y el Uzi

Éste es un cuento que avanza paralelo y acaba perpendicular. De disparos y disparates. El de dos antagonistas, cada uno con su historia, sin ninguna intención de encontrarse. El de dos protagonistas cuyo destino se cruzó.

Éste es un cuento que avanza paralelo y acaba perpendicular. De disparos y disparates. El de dos antagonistas, cada uno con su historia, sin ninguna intención de encontrarse. El de dos protagonistas cuyo destino se cruzó.

El primero de ellos nació en Israel en los años cincuenta. Fue creado para agujerear, masacrar. Escupe 10 proyectiles por segundo, a 1.400 kilómetros por hora, y en su historial figuran miles de vidas sesgadas en decenas de conflictos armados de todo el mundo.

La otra actriz principal nació en Arizona. Es un niña de 9 años que fue creada para vivir, inmersa en una etapa maravillosa de aprendizaje y fascinación. Disfruta dibujando en el colegio y su animal preferido es el unicornio. No tiene idea de qué es la muerte. Ni de que será una asesina.

Sonó un ruido. Atronador. La niña se sobresaltó. Se incorporó y apagó el despertador. Era el día del que tanto había oído hablar. Iba a ir al campo de tiro. Sus primeros balazos. Nunca tuvo interés en apretar un gatillo, pero la colección de armas del salón y la ilusión de su padre ya habían decidido. Una trencita y al coche, que hoy es un gran día.

Mientras, el Uzi salía del almacén donde pasaba inerte las noches. Un instructor lo preparaba convenientemente para su próximo dueño de alquiler. Fuera el polvo, el cañón bien limpio, cargador a tope. Sin trencita él.

Y allí, sin buscarse ni querer encontrarse, incapaces de evitarse, acabaron de la mano. Un instrumento letal sujetado por 30 kilos de pura inocencia. ¡Fuego! Y, al tercer intento, el contundente retroceso se vuelve incontrolable. Un instructor muerto, una niña que deja de serlo y un Uzi que hace su trabajo. Ea. Un día inolvidable. Marcado con una cruz para siempre. Que Dios bendiga América.

Más de este autor

Mensaje al vacío

Todos damos por sentado que no estamos solos, que más seres vivos, razas o incluso civilizaciones pueblan nuestro universo inmenso. Es lo lógico. Si hay un piojo, por pelotas tiene que haber más.

Opinión

El Arte escupe sangre

Yoko empezó a dar rienda suelta a sus instintos. Ella dice ser una artista. Una artista conceptual. Un campo donde las ideas son el valor. Pero aquí encontramos un problema: el confundir la idea con el más absoluto absurdo.

Opinión

Más en El Subjetivo