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La violación a Carmen Maura

Foto: Al rincón | Antena 3

Más allá de su trabajo en la gran pantalla, Carmen Maura me llamó la atención por la valiente entrevista que ofreció en el (enésimo) programa de Risto Mejide. La actriz se atrevió a ir en contra del discurso hegemónico de los círculos culturales y afines a Podemos que sostienen que la Transición fue una farsa. Tiró de memoria, a sus 73 años, para reivindicar que el paso de la dictadura a la democracia fue uno de esas escasas efemérides nacionales de la que solo cabía sentir orgullo. Se abría una esperanza en aquella España gris, autoritaria y cerrada de mente que, según ella, parecía irreformable.

Maura es hija de su tiempo. Se casó joven y por aquel entonces el papel asignado a las mujeres era el de ser madres. A ella la salvó el teatro, pero pagó un alto precio por ello: ser una de las mejores actrices de nuestro país, y una mala madre. Tribunales de por medio. Fue un crítico teatral —¡un hombre!— quien la regañó por malgastar su talento en el teatro amateur y la empujó a probar suerte en la profesión. Todo un machista.

En la entrevista también confesó que fue violada cuando tenía 30 años y vivía sola en Madrid. Le golpearon en la puerta de su casa, le apuntaron con un arma y la violaron. Su conmovedor testimonio llegó al punto más álgido cuando aseveró que el trato posterior que recibió por parte de la policía y del sistema judicial fue peor que la misma violación. A ojos del sistema era culpable. Por vivir sola.

Pero el progreso existe. Y éste a veces es una brújula para detectar lo cobarde que es una sociedad cuando las cosas van mal, y lo frívola en que se convierte de la mano de la prosperidad. Así como los delitos de odio y ofensas han aumentado con la extinción de ETA, los supuestos agravios por razón de género se magnifican cuando la igualdad ya forma parte de nuestro Estado de Derecho.

Maura, una víctima real, no se victimiza. Rompió esquemas en su momento, y los rompe ahora. Ahora asume en una entrevista en El Mundo que las cosas han cambiado a mejor y que vivimos en uno de los países “más libres”. Y, como hizo con el revisionismo sobre la Transición, ha renegado de este pseudo feminismo que pretende victimizar a la mujer por el mero hecho de serlo. Ha puesto sentido común entre tanto alarmismo, sentimentalismo y puritanismo. Ella, que sufrió una violación, ha salido en defensa de los hombres con el mismo espíritu conciliador de la Transición.

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