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“La voz de nuestro pueblo”

El Rey aún no tenía once años y no estuvo allí; no vio en directo lo que -discretamente- el Diario de Sesiones recoge: “los aplausos de la casi totalidad de los presentes se prolongan durante largo rato”, al inicio; y “los aplausos, prácticamente unánimes, se prolongan durante algún tiempo”, al final. Aquello fue en un histórico 22 de julio de 1977, cuando su padre, entonces un joven Rey, declaró: “la democracia ha comenzado (…) Ahora hemos de tratar de consolidarla”.

Su hija mayor ya tiene once años y ayer pudo ver en directo aplausos de la “casi totalidad”, “prácticamente unánimes”, o como quiera que refleje mañana la discordancia el Diario de Sesiones. Quizá quede en su memoria que su padre les dijo a las señoras y señores diputados y senadores: “ustedes son la voz de nuestro pueblo”. Y resulta que nuestro pueblo es uno que incluye voces que quieren “optar -como en algunas épocas sombrías de nuestra historia- por el aislamiento, el pesimismo, el espíritu destructivo, la visión negativa de nuestra capacidad o de todo cuanto nos rodea”; resulta que nuestro pueblo incluye voces que buscan “mirar sólo hacia nuestro pasado; por mirar, en fin, sólo hacia nosotros mismos”. Eran -son- sólo una minoría que se malvistieron para la ocasión, pero que atesoran tanto interés por salir en la foto que hasta compartieron silla para, bien apretujados, estar; para salir en la foto.

Hace casi 40 años la tensión se mascaba en el silencio; hoy el ruido deja la tensión sólo en estruendo. Hace 40 años eran tiempos de “sincera voluntad de concordia nacional” con el pluralismo político como objetivo fundamental: “Hemos conseguido entre todos que haya un lugar para cada opción política en estas Cortes”. Ese logro lo tenemos hoy sobradamente acreditado, hasta el estrambote de una señoría exhibiendo camiseta-protesta y otra sosteniendo un mantel de colores republicanos.

Es lo que hay; es una parte de lo que somos, y es una parte que -mal que bien- ya forma parte del “normal funcionamiento de nuestras instituciones democráticas”.

El hijo elogió el esfuerzo de la generación de su padre hace casi cuarenta años; cuando “los españoles fueron capaces de unirse para iniciar juntos un nuevo camino en nuestra historia: el camino de la reconciliación; el de la paz y el perdón, el camino de la desaparición para siempre del odio, de la violencia, de la imposición…”.

¿Qué queda de todo aquello? Bastante más de lo que parece, pero muchísimo menos de lo que necesitamos, porque “el camino del entendimiento en democracia” tiene una irrefrenable tendencia a embarrarse, a llenarse de baches, a parecer casi impracticable.

Es un camino que necesita de cuidados más intensos y dedicados, y el discurso del Rey apuntó la fórmula magistral para aplicarlos: “valorar en toda su dimensión la serenidad, la ilusión y la esperanza del pueblo español en aquel entonces”; agradecer “la valentía y la generosidad de aquellos que, con el dolor y la memoria todavía vivos en su alma, pusieron todo su corazón, toda su fuerza, para lograr, por fin, la reconciliación entre españoles y la democracia en España”.

Esta XII Legislatura que Don Felipe declaró ayer abierta podrá conmemorar los 40 años de acontecimientos clave para que “la voz de nuestro pueblo” sea la que deciden democráticamente los españoles: las elecciones de 1977, las Cortes Constituyentes, la elaboración de la Constitución, su aprobación un 6 de diciembre de 1978, el debate y aprobación de los Estatutos de Autonomía…

De todo eso va a hacer 40 años en esta Legislatura.  Y no pasa nada si unos pocos quieren celebrarlo en camiseta reivindicativa, o camisa remangada y zapatillas de andar por casa… No pasa nada siempre que no se olvide que “España no puede negarse a sí misma tal como es; no puede renunciar a su propio ser; y no puede, en fin, renunciar al patrimonio común construido por todos y desde el que debemos seguir edificando un futuro compartido”. Y este pequeño detalle puede dar más problemas que las camisetas, los manteles de colores y las zapatillas de andar por casa.

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