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Laberintos y minotauros

Foto: JUAN MEDINA | Reuters

Como andaluz, siempre he visto con pasmo la naturalidad con la que los catalanes nos torraban a los demás con sus cuestiones políticas regionales como si fuesen de una importancia capital. Luego, los nacionalistas han terminado salpicando a la soberanía nacional y ya me he tenido que aguantar. Ahora, sin embargo, aquí vengo yo a analizar la negociación andaluza para formar un Gobierno del cambio. Me excusa, espero, que atañe a la política nacional, sobre todo tras las últimas encuestas que advierten de que el resultado de las generales será muy parecido al de las andaluzas.

Hay bastante lío. El Partido Popular, que caía a peso, ha mantenido in extremis la posición de cabeza (de la oposición). Además, estando en medio de sus dos socios potenciales, pudiendo negociar tanto hacia la izquierda con Ciudadanos como hacia la derecha con Vox (que es algo que los votantes del PP no le van a echar en cara), goza de una situación holgada. ¿Su problema? Con tan altas expectativas y tan inesperadas, la decepción de esta oportunidad perdida pesaría sobre todo sobre ellos.

Quizá por el palo de haberse quedado a un paso del sorpasso y por comprarle el discurso contra Vox a la izquierda, Ciudadanos se ha metido solo en un laberinto con dos minotauros. Han clamado tanto contra Vox como por el desalojo del PSOE, tanto, que ahora están quedando y van a quedar de pena hagan lo que hagan: o con unos por pactar con Vox o con otros por arruinar una oportunidad histórica para el cambio. Para cuadrar ese círculo, quieren redondear un cuadrilátero. Pretenden que el PSOE les ayude a expulsar al PSOE. No sé por qué los socialistas van a hacerse el harakiri como si fuesen procuradores de las Cortes franquistas. O por qué Susana iba a hacer de Ariadna y prestarles el famoso hilo.

Vox parece estar en la posición más cómoda, pero ni lo está ni es un partido que haya venido a ocupar la posición más cómoda. No puede echar un órdago que amenace con dejar al PSOE en la Junta y tampoco puede decir «sí, bwuana» a todo. ¿Un partido que ha salido del armario va a dejar que lo metan en un rincón? Ya ha esquivado la etiqueta de voto inútil, pero todavía tiene que ganarse la de voto útil, que es, exactamente, lo que no quieren dejarle hacer ni en sueños ni los del PP ni los de Ciudadanos.

Vox tendría que escoger unos contenidos mínimos de su programa de máximos, lo que ya es difícil, pero, además, tendría que conseguirlos, y que se sepa que los ha conseguido. Con su estrategia de permitir que negocien antes Ciudadanos y PP, está dejando que ellos se apunten los cambios más espectaculares y, ojo, los más consensuados: acabar con los puestos a dedo en la Junta, por ejemplo, o incluso el protagonismo de sacar al PSOE de la Junta. Cuando Vox entre en escena no van a quedar más que las migajas de lo muy específico o muy circunstancial. Teniendo en cuenta que el papel de Vox en el próximo parlamento nacional será, según todas las encuestas, el de una minoría con un inmenso poder negociador, el escenario andaluz es su oportunidad para demostrar que sabe hacerlo y, sobre todo, que compensa.

No negocian sólo entre ellos a dos bandas, sino que cada cual lo hace con las expectativas cruzadas de sus votantes, con los ojos puestos en la política nacional y con los ojos del país en su negociación.

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