José Carlos Rodríguez

Lágrimas tontas

El diario conservador noruego Aftenposten tenía un mensaje que comunicar: las empresas textiles en Camboya someten a los trabajadores a unas condiciones inhumanas, que se degradan a medida que corren los días. Lo que obtienen por su monótono esfuerzo no les permite comprar lo suficiente como para vivir. A partir de ahí, comienza el reto del periódico. ¿Cómo hacer para que ese mensaje tenga más fuerza? La respuesta es Lisa y Sarah, dos blogueras que triunfan en la red escribiendo sobre moda. Jóvenes, guapas y manipulables.

Opinión

Lágrimas tontas
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

El diario conservador noruego Aftenposten tenía un mensaje que comunicar: las empresas textiles en Camboya someten a los trabajadores a unas condiciones inhumanas, que se degradan a medida que corren los días. Lo que obtienen por su monótono esfuerzo no les permite comprar lo suficiente como para vivir. A partir de ahí, comienza el reto del periódico. ¿Cómo hacer para que ese mensaje tenga más fuerza? La respuesta es Lisa y Sarah, dos blogueras que triunfan en la red escribiendo sobre moda. Jóvenes, guapas y manipulables.

Fueron a Camboya y hablaron con algunos trabajadores. No sabemos cuántos ni qué les dijeron, pero sí conocemos los testimonios que contiene el documental. Nos habla una joven que estuvo 14 años realizando la misma labor, mes a mes, año a año. Otra nos cuenta que no tiene para comer. Aún otra nos dice que su sueño era estudiar y no ha podido hacerlo. Otro testimonio nos dice que la situación va de mal en peor.

Imagino el enorme esfuerzo de selección y ocultación que tuvo que hacer la redacción de Aftenposten. Incluso Jordi Évole, en el extrarradio del periodismo, recogió los testimonios de trabajadores agradecidos con la mejora en sus vidas de la mano de los nuevos empleos. Que te moje la oreja Jordi Évole en periodismo es humillante. En Camboya, desde que se abriese al resto del mundo, la renta per cápita se ha triplicado, las desigualdades son menores, sube la esperanza de vida y cae la mortalidad infantil. Los niños han empezado a ir a la escuela de forma masiva y el trabajo infantil es algo del pasado.

Ni Lisa ni Sarah lloran por la pobreza que Camboya se está sacudiendo, por la que aún tendría si su mensaje tuviese efectos reales. Lágrimas ciegas, sordas. Lágrimas tontas.

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