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Las apariencias no engañan, pero los elefantes sí

Foto: Marcelo del Pozo | Reuters

Otro día hablaré de cómo la selectividad penaliza gravemente a los centros más exigentes. Hoy no. Hoy estoy escribiendo en un chiringuito de la playa de Ocata, rodeado de muchachas en flor para las que soy completamente invisible y me voy a limitar a expresar el deseo de que nuestros alumnos de selectividad cometan en sus exámenes de filosofía “errores” semejantes a los siguientes de los alumnos franceses. Juzguen ustedes:

“¿Las percepciones pueden educarse?” Los profes de filosofía se creen con derecho a todo. Habría que recordarles que ellos también son funcionarios y que sus colegas que trabajan con percepciones son tan educados como ellos.

“¿Se puede probar una hipótesis científica?” Si no has leído las obras completas de los hermanos Bogdanov, no puedes entender nada de este asunto. Hipótesis: los hermanos Bogdanov son los más grandes científicos franceses de todos los tiempos. La prueba: son los que más invitaciones reciben para ir a la televisión. Después de eso, no hay mucho que añadir.

“¿La cultura desnaturaliza al hombre?” Lo que es seguro es que a veces puede manchar. Estás invitado a un vernissage. Hay mucha gente. Un desconocido te empuja y ya tienes una mancha de vino tinto en la camisa. Vas corriendo al baño, tratando de limpiar la mancha: el vino tinto no se va así como así y te encuentras metido en un lío. La cultura no desnaturaliza al hombre, ¡pero vaya como mancha!

“¿Podemos tener razón en contra de los hechos?” Con un buen abogado, claro que sí.

“¿La libertad se ve amenazada por la igualdad?” Teniendo en cuenta que ni la igualdad ni la libertad existen, esto simplifica las cosas. En un mundo en el que reinara la igualdad, todo el mundo comería patatas fritas al mediodía. Pero si todo el mundo come patatas fritas, ¿dónde está mi libertad de elegir lo que quiero comer? Así que vamos a tomar el ejemplo inverso: en un mundo en el que reinara la libertad, todo el mundo podría comer lo que quisiera, así que todos a comer patatas fritas en la cantina. Por lo tanto, podemos concluir que la libertad y la igualdad tienen que ver con las patatas fritas.

“¿El arte es menos necesario que la ciencia?” No, absolutamente no. El arte es mucho más necesario que la ciencia: se debería haber subvencionado a artistas para decorar la planta de Fukushima, en lugar de ocuparse de la seguridad del reactor.

“¿El dominio de uno mismo depende del conocimiento de uno mismo?” Cuando Sócrates recorría el ágora ateniense proclamando “¡Conócete a ti mismo!”, a menudo le respondían: “¡Eso, tu madre!” Pues bien, Sócrates fue capaz de dominarse. No sólo porque era un poco mariquita y no se atrevía a provocar a nadie, sino porque el tipo tenía un gran dominio de sí mismo.

¿Se puede hablar sin decir nada? Sí.

¿Hay otros medios diferentes a la demostración para establecer una verdad? Sí. El martillo.

¿Se puede desear sin sufrir? Claro que sí. Si, por ejemplo, a los cincuenta años, eres un profesor de filosofía empeñado en corregir exámenes sin tener medios para comprarte un Rolex, es que te has equivocado de vida.

“No te puedes bañar dos veces en el mismo río”. Heráclito. ¡Evidentemente! Sobre todo después de comer.

¿La pregunta “¿Quién soy yo?” admite una respuesta exacta? Sí. Sobre todo si la pregunta te la dirige amablemente un representante de las fuerzas del orden.

¿Las apariencias engañan? No necesariamente, pero los elefantes, sí, mucho.

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