Matias Costa

Las ladies

Esta floreciente subespecie que se encuentra cada vez con más facilidad en cualquier latitud se maneja como en un cortijo donde todo es suyo y por eso hacen lo que quieren sin dar explicaciones. Hay una nueva aceptación de lo feudal de un subespecie que lejos de estar en extinción está mutando en plaga.

Opinión

Las ladies

Esta floreciente subespecie que se encuentra cada vez con más facilidad en cualquier latitud se maneja como en un cortijo donde todo es suyo y por eso hacen lo que quieren sin dar explicaciones. Hay una nueva aceptación de lo feudal de un subespecie que lejos de estar en extinción está mutando en plaga.

La experiencia nos demuestra que cuando una especie está en peligro de extinción no suele durar mucho. Lo que comienza siendo una llamada de auxilio, se convierte pronto en un recuento de bajas. Desgraciadamente dentro de la especie humana, la subespecie de los abusones, los prepotentes, los atropelladores, goza de buena salud, y no hay indicios de desaparición a corto plazo. Prolifera la impunidad y desaparece la condena social, falta una ética mínima y estallan los límites. Lo que preocupa no es que Esperanza Aguirre, presidenta regional del partido político en el gobierno, antigua ministra y presidenta de una Comunidad Autónoma, infrinja la ley y embista un vehículo policial. Lo que de verdad es inquietante es que le parezca gracioso y hasta defendible a tanta gente, incluidos responsables de su propio partido.

Por favor, busquen en YouTube “ladies de Polanco” o “lady de Querétaro”, y verán la versión mexicana y surrealista de la bravuconada de nuestra castiza poítica “berlusconiana” o Sarkozyana”, como prefieran. El fenómeno de las Ladies está apareciendo en México como consecuencia de una estructura social muy perversa en la que una persona con suficiente dinero o influencias puede amedrentar a todo un grupo social sin que nadie le pare los pies. Esta floreciente subespecie que se encuentra cada vez con más facilidad en cualquier latitud se maneja como en un cortijo donde todo es suyo y por eso hacen lo que quieren sin dar explicaciones.

También en México hicieron un experimento en un concurrido paso de peatones, comprobando que los dueños de coches potentes y caros cedían el paso mucho menos que las personas que se desplazan en sencillos utilitarios. La gente generosa y respetuosa con el otro suele ser la más humilde, mientras que el golpeador, el que siempre ha tomado lo que ha querido sin pedir permiso, es casi siempre incapaz de colocarse en el lugar del otro, y sin embargo suele tener más éxito y popularidad, incluso entre aquellos de quien abusa. Hay una nueva aceptación de lo feudal, del “no sabe con quien está hablando”, de una subespecie de chulos con poder y pintas que, lejos de estar en extinción está mutando en plaga.

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