Gorka Maneiro

Las lenguas son para los ciudadanos

La semana pasada, en las Islas Baleares, ocurrió un hecho extraordinario: por primera vez, se han facilitado los exámenes de lo que antes era la Selectividad, no solo en catalán, sino también en castellano a los estudiantes que expresamente así lo han solicitado. Una mezcla de provocación y osadía propia de españolistas y fascistas. ¡Menuda ocurrencia!

Opinión

Las lenguas son para los ciudadanos
Foto: ENRIQUE CALVO| Reuters
Gorka Maneiro

Gorka Maneiro

Gorka Maneiro, portavoz de la Plataforma Ahora.

La semana pasada, en las Islas Baleares, ocurrió un hecho extraordinario: por primera vez, se han facilitado los exámenes de lo que antes era la Selectividad, no solo en catalán, sino también en castellano a los estudiantes que expresamente así lo han solicitado. Una mezcla de provocación y osadía propia de españolistas y fascistas. ¡Menuda ocurrencia!

Como podía esperarse, vista la experiencia acumulada durante todos estos años de democracia dependiente de los chantajes nacionalistas y de los complejos de demasiados, ha habido quienes se han mostrado indignados: según estos, los más brutos del lugar, que un ciudadano español pueda recibir un examen, además de en catalán, también en español, supone “un ataque inaceptable a la lengua catalana”.

El presidente del Tribunal de Selectividad que corrige las pruebas para el acceso a la Universidad (PBAU), Joan Stela, se manifestó abiertamente contrario a esta medida y la tildó de “experimento”. Otros cuatro vocales del Tribunal directamente renunciaron: esto de garantizar la libertad lingüística es un exceso y no estaban dispuesto a aceptar tamaña vulneración de derechos. Esos cuatro presuntos profesores argumentaron que “el cambio introducido convierte la lengua propia de Baleares (el catalán) en una lengua folclórica, accesoria y prescindible” y que “no tiene otra explicación que la fobia y el odio”.

Es difícil acumular tantos disparates en un par de frases, y eso que los nacionalistas son especialistas en la materia. Si la lengua propia de Baleares es el catalán, es que el castellano, lengua común de todos los ciudadanos españoles, es lengua impropia, es decir, lengua ajena e impuesta, una especie de añadido artificial contrario a las buenas costumbres. En mi opinión, una lengua será accesoria o prescindible si los ciudadanos libremente no la hablan, no si no se impone contra todas las demás, incluida la común, esa que es hablada por 500 millones de personas en todo el mundo. Respecto a lo de folclórico, no hay hecho folclórico más pernicioso que el localismo, el regionalismo y el nacionalismo: ese pensamiento que reclama antes lo propio que lo óptimo. Y en cuanto a los odios y a las fobias, ellos son expertos… lo que ocurre es que tampoco es cuestión de que sigamos poniendo eternamente la otra mejilla. Pero ni odios ni fobias, desde luego, sino amor por la libertad y por una educación de calidad y en beneficio de los educandos.

Los nacionalistas claman indignados (otra vez, qué novedad); pero habrá que repetirlo: en este caso, el único cambio es que, por primera vez, los alumnos han podido solicitar que los exámenes también estén en castellano, de modo que, ay, libremente, cada cual pueda ejercer esa libertad lingüística tan perseguida en distintas partes de España. Es triste que a los nacionalistas de cualquier lugar sea esto lo que les enoje: ¡cualquier cosa menos la libertad! ¡Todo vale para imponer el idioma que ellos pretenden sea único, ese que, finalmente, configure una nación cultural que les permita después disponer de un Estado propio! O ni eso ya que, en muchos casos, es pura paranoia. Y quienes nos oponemos a sus excesos y abusos somos unos “ultraespañolistas”. Un sin vivir.

Aun a costa de incomodarles, o quizás precisamente para ello, deberemos recordarles algunas cosas: las lenguas son para los ciudadanos, no los ciudadanos para las lenguas; son instrumentos de comunicación, no utensilios para enfrentar, dividir o crear discordia. Sin embargo, en las Islas Baleares, País Vasco, Cataluña y otras partes de España, consecuencia de largos años de cesiones y de aceptar como verdades absolutas medias verdades o mentiras completas, se ha ido imponiendo una política lingüística que vulnera principios ciudadanos esenciales. Y ahí el Gobierno de España está silente, como casi todos los actores políticos y mediáticos.

Los mayores enemigos de cualquier lengua son quienes las prohíben y quienes las imponen. Franco fue quien prohibió las lenguas minoritarias… y hoy son los nacionalistas (y no solo ellos) quienes, además de imponer las suyas, emulan al dictador y pretenden prohibir o limitar el alcance de la lengua común: ¿puede haber algo más obtuso y más reaccionario?

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