Víctor de la Serna

Las libertades, en juego por doquier

"Si hasta el 'Financial Times' ya propone que se reforme el capitalismo, los liberales habremos de conceder al menos que el sistema se ha ido torciendo"

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Las libertades, en juego por doquier
Foto: Francisco Seco
Víctor de la Serna

Víctor de la Serna

Periodista generalista a la antigua usanza, ha acabado especializándose en comunicación, cocina, vinos, baloncesto y las calles de Madrid.

Por mucho que haya manipulado el compañero Tezanos, las posibilidades de que de las elecciones del 10 de noviembre salga una mayoría suficiente de gobierno para las fuerzas constitucionalistas frente a la extrema izquierda y el separatismo no son precisamente entusiasmantes. Echen un vistazo a la situación internacional, con el populismo de un color y de otro desatado por doquier, y una de las muchas conclusiones que se imponen es que ahora, más de un decenio más tarde, la democracia está sufriendo la brutal respuesta al colapso económico de 2008 y a la forma en que se encaró su solución.

Una generación de jóvenes y ya menos jóvenes –los millennials ya tienen hasta 40 años- ha sufrido en sus carnes la desaparición de aquella escala ascendente que permitía alcanzar una clase media acomodada, sustituida por un sistema de proletarización más o menos disimulada que parece haber condenado a los mileuristas a serlo toda la vida… con suerte. Y, a la vez, las diferencias entre ese remoto 1% de la población que amasa más riqueza que todo el resto se han estirado sin cesar.

Cuando el sistema socioeconómico no responde a las ansias de progreso, la alienación aumenta, y entre los que dejan de votar y los que votan a favor de los extremistas más descarados y destructivos surgen los Zapateros –gran precursor-, Trumps, Sánchez, Orbans y demás personajes otrora inimaginables.

Si hasta el Financial Times ya propone que se reforme el capitalismo, los liberales habremos de conceder al menos que el sistema se ha ido torciendo y manipulando para prolongar una situación a medio camino de una crisis endémica sin tocar ciertos privilegios y deshaciendo las esperanzas de mejora y progreso que antes tenían todos los ciudadanos de las democracias. Una revisión honrada, quizá no tan placentera para los privilegiados, parece ser un paso inicial para que de los dirigentes estrambóticos de 2020 no pasemos a la liquidación de las libertades en 2030.

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