THE OBJECTIVE
Amando de Miguel

Las nuevas guerras de religión

En Europa predomina la secularización, es decir, la religión se reserva a la vida personal y no se mezcla con la vida pública. En todo caso, en Europa conviven distintas ramas del cristianismo, pero pacíficamente. Sin embargo, este equilibrio se rompe por la pacífica invasión de la población inmigrante de tradición islámica.

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Las nuevas guerras de religión

En Europa predomina la secularización, es decir, la religión se reserva a la vida personal y no se mezcla con la vida pública. En todo caso, en Europa conviven distintas ramas del cristianismo, pero pacíficamente. Sin embargo, este equilibrio se rompe por la pacífica invasión de la población inmigrante de tradición islámica.

Hace ya siglos los europeos dejaron de matarse por la religión que practicaban. Pero en el amplio mundo musulmán de hoy se recrudece la violencia por pertenecer a una facción islámica o a otra. No digamos si se contempla el enfrentamiento inmisericorde entre musulmanes y judíos. Cierto es que en tales conflictos intervienen otros varios factores estrictamente políticos o económicos, pero la variable religiosa sigue contando.

En Europa predomina la secularización, es decir, la religión se reserva a la vida personal y no se mezcla con la vida pública. En todo caso, en Europa conviven distintas ramas del cristianismo, pero pacíficamente. Sin embargo, este equilibrio se rompe por la pacífica invasión de la población inmigrante de tradición islámica. Ocurre, además, que la corriente islámica crece en número y sobre todo no se integra fácilmente en la vida secularizada europea. Antes bien, los núcleos musulmanes en Europa alojan un creciente porcentaje de fanáticos, la simiente de eventuales terroristas. Cierto es que no todos los musulmanes son terroristas, pero no es menos cierto que todos los terroristas son fidelísimos seguidores de Alá.

En España se ha destapado un nuevo problema. En las filas del Ejército profesional se introduce una fracción pequeña pero sustantiva de musulmanes. Se comprende la preocupación ante un eventual conflicto armado con los países islámicos. Bien es verdad que cabe recordar la tradición de los tercios españoles, en los que un gran contingente de la tropa estaba constituida por extranjeros. Siempre se ha dicho que en el cuadro de “las Lanzas” puede que no hubiera ningún español. No obstante, los extranjeros de los tercios solían ser de extracción católica. El problema ahora es mucho más grave, más que nada por la radicalización del mundo islámico. No debe despacharse con el superficial argumento de la xenofobia.

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