Aloma Rodríguez

Las películas del aislamiento

"Nos quedan tres entregas de Harry Potter por ver y mi hija ya ha decidido que es su mejor amigo"

Opinión

Las películas del aislamiento
Foto: Warner Bros
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Todas las familias aisladas se parecen, en las que hay niños, sobreviven –en caso de hacerlo– cada una a su manera. Al poco de empezar el aislamiento, se creó un grupo de Whatsapp donde se van compartiendo posibles actividades para hacer con niños: manualidades, repostería, actividades Montessori, sirenas y barcos con rollos de papel higiénico, cómo hacer arena comestible en casa, cómo hacer plastilina comestible y ecológica en casa. Meditación con niños, los conciertos en pijama de los grupos favoritos de los niños, de Petit Pop a Chumi Chuma o Yo Soy Ratón.

Desde que empezó el estado de alarma, mi hija mayor ha pasado por la fase Miyazaki –solo había visto Mi vecino Totoro y ahora está todo Miyazaki en Netflix– y ahora solo quiere ver películas de Harry Potter. Antes de Harry, su favorita era El viaje de Chihiro y decía que solo quería ver películas de Miyazaki. Pero se le pasó la fiebre después de La princesa Mononoke, no por Miyazaki, sino porque negociamos que solo veríamos películas el fin de semana. Cinco días son mucho tiempo para una niña de cinco años. El sábado siguiente casi había conseguido que ella creyera que elegía libremente ver por novena vez La princesa prometida (Mamá, hace mucho que no veo esta peli, casi no me acuerdo, dijo y yo ya estaba sonriendo) cuando su padre, que prefiere ver las películas una sola vez, le habló del mago de las gafas y la cicatriz en la frente. No pensó tanto en el personaje como en que era una saga: siete películas, tres fines de semana y medio. Nos cuesta mucho elegir película: a mi hija le gusta ver los tráilers antes de elegir. Y boicotea sistemáticamente mis elecciones: nada de los hermanos Marx ni Charlie Chaplin, eso es una tontería, me grita enfadada. Pero te gustó El maquinista de la general, trato de convencerla. Nada de Indiana Jones, que le da miedo, aunque después de meses de negociaciones la convencí para ver Indiana Jones y la última cruzada, que le gustó, por cierto. Nada de películas de mayores, dice. No importa que le recuerde que La fiera de mi niña es lo que ella llama una película de mayores. 

Me cae bien Harry Potter, y me caen bien sus amigos, sobre todo Hermione, con ese punto de marisabidilla impertinente. Pero las películas no me gustan. Es decir, me gusta todo lo que es la ambientación y el mundo, las relaciones personales, pero la trama donde se supone que tiene que ir la acción me aburre. Nos quedan tres entregas de Harry Potter por ver y mi hija ya ha decidido que es su mejor amigo. Quedan tres sesiones de Potter, tres amagos de siestas en este aislamiento. Luego, tal vez, volvamos a Miyazaki.

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