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Las series y el sexo

"Me sorprende mi capacidad de horrorizarme ante las escenas de sexo de las series más juveniles porque hasta las madres más progres corremos el riesgo de volvernos moralmente ultraconservadoras"

Foto: Sandra Gabriel | Unsplash

Una madre no puede ver series de televisión con sus hijos a no ser que sea tremendamente liberal. Por otro lado, aun siendo una madre tremendamente liberal, me sorprende mi capacidad de horrorizarme ante las escenas de sexo de las series más juveniles porque hasta las madres más progres, con la maternidad, corremos el riesgo de volvernos moralmente ultraconservadoras.

El otro día, mi dulce y achuchable niñito de 10 años quería ver una serie de fantasía y superhéroes conmigo. The Boys. Yo había leído buenas críticas y cuando las series son buenas, disfruto mucho viéndolas con mis hijos, que en cuanto a televisión son bastante adultos.

La serie, efectivamente, está muy bien. Tiene personajes clásicos de las series juveniles, pero con un punto que va más allá. También tiene una cantidad de sexo subido de tono que me situó en un dilema moral y educativo. Reflexioné sobre ello, preguntándome si soy una madre liberal y permisiva que esconde en su interior una moralista de libro, y llegué a una conclusión de que todos somos las dos cosas por culpa de la cultura y de la estética en la que hemos crecido. El famoso canon.

Yo me crié con los dos rombos y con la muñeca Nancy, que era en todos los sentidos, mujer, pero asexuada. El mundo de los niños era asexuado, no había fuente alguna de la que sacar información y esto se consideraba lo normal. El hecho de que mi muñeca desnuda no se pareciera al cuerpo real de una niña, me resultaba irritante porque los niños piensan en estos detalles, preguntan por ellos y los observan, como cualquier padre que ha sido preguntado por sus niños sobre temas de anatomía sexual puede atestiguar.

Cuando llegó la Barbie, mi choque mental fue más fuerte, porque Barbie tenía pechos de mujer. Era una Jane Mansfield flaca. Pero a pesar de sus pechos potentes, le quitabas las bragas y nada, la magia se convertía en plástico ortopédico. No creo ser la única niña que le buscaba el sexo a los muñecos. Barbie tenía unos pechos puntiagudos, se vestía con escotes y bikinis, ropa ajustada, creó una imagen de mujer en las niñas que afirmó una cultura preexistente y le dio continuidad en la búsqueda del look de mujer blanca, rubia, respingona, delgada y de abundantes pechos como aspiración máxima de perfección femenina. Narices reales se cortaban en los ochenta, pechos se aumentaban en los noventa, vestidos se ajustaban con liposucciones hasta que no han empezado a aparecer otros cuerpos en las televisiones.

En cuanto a las series, hasta hace unos años, todo lo que fuera para adolescentes y niños, era muy púdico. El sexo siempre ha causado protestas entre los espectadores y a los guionistas se nos ha obligado a ser muy sutiles, a sugerir normas morales de todo tipo, a mostrar el acto sexual con una mano que apaga una lámpara de la mesilla de noche, o con una combinación de seda que cae al suelo como el telón de lo que está por venir y hay que imaginar. El sexo no se mostraba por una cuestión de buen gusto y de respeto. Pero este gusto ha cambiado. Ha cambiado para siempre.

Ahora, con las televisiones de pago, las audiencias más selectivas, la fragmentación, y sobre todo, con la llegada a la escritura de los guiones y de la producción televisiva de muchos nativos digitales o cuasi nativos digitales, ha surgido otra escritura, otro respeto, una nueva cultura de igualdad en el tratamiento de los personajes y de permisividad que viene conviviendo con el día a día de las familias desde que aquellos nativos digitales (que son los mismos que los nativos sexuales) han sido capaces de imponer su propio gusto y criterio, su nueva moral y su imaginario social. Su estética. Youtube y la cultura sexual que ha generado en aquellos niños que se han educado a sus literales pechos, son quienes mandan en la estética audiovisual y tenemos que aceptarlo con otro punto de vista, cambiarlo, hacernos a este nuevo canon de una vez.

Me pregunto si el sexo explícito en TV no será el nuevo topless. Yo todavía recuerdo cuando los señores mayores me echaban la bronca en la playa por enseñar los pechos en público, que era algo a lo que aún nos atrevíamos muy pocas en los ochenta, de no ser una playa muy lejos de casa y muy llena de extranjeros. Ahora este comportamiento nos daría risa. Sin embargo, la cultura nos cambia la estética de nuevo y confundimos con moral lo que en realidad es otra cosa. No sé si la gente se ha dado cuenta de que ha sucedido algo divertido, propio de las redes y del mundo fotográfico en el que vivimos. Los chavales consumen muchos más desnudos de forma audiovisual y sin embargo, las chicas hacen infinitamente menos topless, porque quieren salir en las fotos de Instagram, que, irónicamente, no les permite mostrar pechos desnudos.

Nos choca la estética del sexo explícito en una serie para púberes o incluso tiernos infantes, pero el sexo no tiene nada de malo, existe, es un lugar que todos queremos visitar de forma instintiva desde edades bien tempranas.

Las series y el sexo me han hecho reflexionar sobre el hecho de que la cultura en la que creció la madre, comparada con la cultura en la que crecieron los hijos, nos dan distintos puntos de vista sobre el mismo tema, nada más.  He comprendido que, como siempre hemos dicho los progres, no es el sexo la esencia del dilema, sino nuestra visión distorsionada, moralista y mojigata de él.

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