Nuria Val

Las tentaciones del Gobierno de coalición

La desconfianza entre PSOE y UP ya venía de antes y la tentación de ampliación territorial a costa del otro sigue ahí

Opinión

Las tentaciones del Gobierno de coalición
Foto: Emilio Naranjo
Nuria Val

Nuria Val

Periodista. Reflexiono a partir de la intrahistoria política. Dame un buen libro en la montaña. En constante aprendizaje.

Resulta muy tentador formar parte de un Gobierno de coalición y crecer a costa de tu socio. Lo que significa pan para hoy y hambre para el político y también para los ciudadanos. La tentadora oferta de Sánchez a Iglesias supuso, entre otras cosas, una desmesurada composición del Gobierno, con el gasto que de ello se deriva. El Gobierno ha creado, incluso, un órgano para coordinar Ciencia y Universidades, cartera única antes del nuevo Ejecutivo. Más gasto. La desconfianza entre ambos partidos ya venía de antes y la tentación de ampliación territorial a costa del otro sigue ahí.

Sánchez e Iglesias firmaron un pacto de (no agresión) coordinación para aclarar los desencuentros producidos en el seno del Gobierno. A estas alturas, su firma está más que amortizada y la migraña por falta de comunicación, tanto interna como externa, persiste. El jueves ambos partidos se volverán a ver las caras para limar asperezas. ¿Han quedado tocadas las relaciones dentro del Ejecutivo? Existe división de opiniones en los niveles intermedios.

En el PSOE defienden a Carmen Calvo y consideran injusto el trato recibido. En Podemos, la vicepresidenta sigue en la diana y achacan a ella “tanta descoordinación”. Parece inevitable que haya dos voces en el Gobierno, lo que contradice el mensaje unívoco que debería salir de La Moncloa. A esto se añade la desconfianza y el correspondiente marcaje que unos hacen de los otros.

Los socialistas han desarrollado el ‘marcaje legislativo’, de manera que ningún texto que vaya a ser registrado se les escape de los numerosos filtros que aplican a sus socios. Los tres jueces del Gobierno (Campo, Robles y Marlaska) se reunieron para analizar el borrador de la, ya famosa pero no publicada, Ley de Libertades Sexuales o ‘Ley Montero’. El hecho de que alguien lo calificase de “chapuza” y filtrase posteriormente a la prensa desató la tentación de los morados. Fue Iglesias quien dio la cara ante los medios para decir: «En las excusas técnicas hay mucho machista frustrado«. La crisis de comunicación estaba servida con lo que ello genera en la población: desconfianza, descontrol y mala reputación.

Desde Unidas Podemos, a su vez, se muestran satisfechos del ‘marcaje ideológico’ a los socialistas. La posición, más radical, de Irene Montero respecto a las políticas de Igualdad divide a las figuras tradicionales del PSOE. Las veteranas apuestan por la superación de los géneros, mientras que el anteproyecto de ley dice todo lo contrario. Asumir posiciones más alejadas supone dar la razón a la oposición, cuando hablan de que el PSOE “se está podemizando”. Algo que los populares han aprovechado -a raíz del conflicto catalán- para sacar a los socialistas del concepto de constitucionalistas. Un asunto peligroso que puso en alerta a Moncloa y enseguida salió Sánchez a defenderlo: “Para constitucionalistas, nosotros”.

Lo cierto es que la falta de un discurso unificado, airear los conflictos, el marcaje mutuo y los posibles cambios respecto a según qué políticas (Igualdad, Internacional o Cataluña) han desatado tensiones internas y malestar externo. Un Gobierno de coalición no es solo un pacto, es la cultura de la buena práctica política. Tampoco un anillo de compromiso arreglará la situación, si no se crea una buena atmósfera. Las políticas cortoplacistas e ideológicas son tentadoras, pero no ayudan. La carrera cainita escenificada esta semana por ver quién se pone la medalla por determinadas políticas nos adentra en un juego muy peligroso, donde la falta de consenso, los socios dudosos y la exigua mayoría parlamentaria no ayudan. No se dan cuenta de que la gloria inmediata y tentadora puede derivar en una brecha de desconfianza del electorado de izquierdas que no siempre vota a la misma formación. Tampoco se dan cuenta de que el pacto lo han hecho con la ciudadanía. Estar en el Gobierno implica decir ‘no es no’ a muchas tentaciones, dejar los egos atrás y ponerse a trabajar en equipo.

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