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Lex Luthor, la Gürtel y yo

Vaya por delante una confesión. Hace ya algún tiempo tuve una reunión de trabajo con uno de los más importantes implicados en el caso Gürtel; el colega tenía en mente construir un canal de Youtube en torno al concepto “tirar de la manta”: sin piedad pero con AdSense. De aquello (evidentemente) no salió nada, pero las cosas como son —fue la reunión más surrealista de mi vida.

Lo recuerdo hoy, cuando arranca el macrojuicio del caso de corrupción que más (creo) nos ha carcomido las entrañas: 120 millones defraudados, 37 acusados y 360 años de cárcel. Parece una broma, pero no lo es. Pues bien, más allá del lodazal moral que arrastra esta gentuza, recuerdo dos detalles que aquel día quedaron grabados a fuego en mi memoria. El primero: el amigo nos contaba que en las reuniones con políticos y empresarios, era norma guardar los móviles en un cofre de plomo para evitar las escuchas (¡como la kriptonita de Superman!). El segundo, que aún guardo como oro en paño, y lo hago porque fue precisamente en aquel instante cuando entendí la magnitud del horror: la absoluta falta de arrepentimiento, es más —mucho peor que eso: el no reconocimiento de daño. La negación sincera y sin dobleces: que se jodan. El vacile (todavía) por los logros, las fiestas, las furcias, los pelucos y lo vivido. “Lo hemos pasado de puta madre”, y ahora van a por nosotros. El mal, cobijado bajo el ego de lo mundano. Y luego, que por qué soy animalista.

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