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Libros ‘guachis'

Hasta ahora, la barrera entre estos libros y la llamada literatura de calidad estaba clara

Foto: Seix Barral | RRSS

De camino al periódico veo en el metro menos lectores de los que me suelo encontrar. Un hombre lee un Galdós, Los duendes de la camarilla. Una chica hace lo propio con Parece mentira, una novela de Juan del Val que según la editorial que lo publica “encantará a las lectoras”. En el libro “la sinceridad es ¿absoluta?, y el morbo, incuestionable”. Otro tío lleva a medias El carrusel de las confusiones, de Andrea Camilleri. El Camilleri me sorprende porque Salamandra lo puso a la venta hace solo unos días. Esta mañana hay más narices enganchadas a las historias de Instagram que con un libro entre las manos, pero en el transporte público me suelo cruzar con bastantes lectores. A mi chica y a mí nos gusta apuntar los libros que nos vamos encontrando. Los últimos títulos que tenemos en la lista son: Calle Este-Oeste, de Philippe Sands; Si esto es un hombre, de Primo Levi; La familia Karnowsky, de Israel Yehoshua Singer

—¡Qué nivel el del Karnowsky!
—Sí, ahí iba con su Acantilado de casi 600 páginas.

Este juego nos sirve también para descubrir a autores que no conocíamos. Pasó con Elísabet Benavent, @betacoqueta para sus cientos de miles de seguidores en las redes sociales. Dedica más de cuatro horas diarias a actualizar sus perfiles públicos. Solo después de ver sus libros en el metro nos dimos cuenta de que es una de las escritoras españolas que más vende. Toda la verdad de mis mentiras, a día 30 de marzo, era la segunda obra de ficción más vendida, según la lista de ABC Cultural. Entre los 10 libros de bolsillo con más lectores hay otros dos títulos de Benavent: Fuimos canciones y Seremos recuerdos. ¿Quién es Elísabet Benavent? “Podría hablar de mí misma en tercera persona, que queda como muy guachi, pero prefiero seguir siendo yo misma”, se describe en su página personal. “Si has llegado a esta web por casualidad te cuento que, desde septiembre de 2013 publico libros”. Es licenciada en Comunicación Audiovisual y completó sus estudios con un máster “del universo pero sin espada”. Vive en Madrid con su marido, “Mr. Coqueto”, escribe en Cuore y entre sus pasiones están “los gatos, los zapatos, el maquillaje, viajar, las cosas que brillan, ir en coche con la ventanilla bajada y cantando a gritos y perder el tiempo cazando moscas con las pestañas”. Ha vendido más de un millón de libros. Sus novelas, leo en ABC, están protagonizadas por mujeres y ofrecen dosis de humor y amor a partes iguales.

No es un fenómeno nuevo. Los libros guachis funcionan de la misma manera que las tiendas de Mr. Wonderful van conquistando el centro de Madrid. ¿Si compramos agendas que nos recuerdan que “hay momentos que hacen la vida genial”, por qué no vamos a interesarnos por lo que escribe quien todos los días en Instagram nos recuerda que “menos autoexigencia, más carcajadas, menos miedo y más asumir riesgos”? Hasta ahora, la barrera entre estos libros y la llamada literatura de calidad estaba clara. Benavent tiene su público, pero nunca entraría en el circuito de los premios literarios ni de los suplementos culturales. El Premio Biblioteca Breve a Elvira Sastre quizá suponga el fin de esa barrera. A sus 27 años y espoleada por su enorme popularidad en las redes sociales, ha escrito varios libros de poesía. Es una escritora instagrammer, y por eso muchos criticaron que su nombre pasara a formar parte de una lista de premiados en la que hay figuras como Mario Vargas Llosa, Juan Marsé o Elena Poniatowska. Las reseñas que han salido publicadas estos días sobre Días sin ti, la novela de debut con la que Sastre ha ganado el Biblioteca Breve, han confirmado las suspicacias iniciales.

“Si uno cree que la literatura sigue existiendo porque se puede escribir de un modo distinto a los discurso de Lady Gaga, entonces es imposible debatir con Días sin ti, un libro que solo te permite la reverencia empática”, escribe Nadal Suau en El Cultural. “La posición que la industria ha otorgado al libro es una derrota de la literatura tal y como algunos la entendemos”. Juan Marqués, en La Esfera de Papel, señala que “la novela es muy mala, un ochomil de la cursilería, y viene sobre todo lastrada por el exceso asfixiante de sabiduría postiza, de vacío sentencioso, en aforismos que se acumulan y casi se superponen hasta legar a veces a anularse, sin sentido, a lo Sancho Panza”. Carlos Zanón, en Babelia, apunta que el libro “no permite ver las bondades de una escritora que, cercana a los 30, debía contar con mejores armas con las que defender su Biblioteca Breve”, por mucho que esté dirigido a ese público “de veintitantos, treinta y algunos”, que no está acostumbrado a ir a las librerías. Supongo que es lo mismo que pensaron en El País unos meses atrás cuando la incluyeron en su nómina de columnistas. En las páginas de este diario podemos leer los viernes a Elvira Sastre contando que “Madrid te abraza si quieres que te abrace, te observa si quieres que te observe y te ayuda si quieres que te ayude” y los domingos a Javier Marías harto de la matraca de la “literatura de mujeres”.

Sobra decir que Días sin ti está entre los libros más vendidos, igual que los de Elísabet Benavent. ¿Qué será lo próximo: la conquista del Premio Herralde? ¿El Premio de la Crítica? Al Planeta ya llegamos tarde. “Los críticos tenemos que poner un cortafuegos para tratar de impedirlo”, avisa Juan Marqués, “pero con calma: los lectores todavía pueden elegir qué leer”.

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