Anna Grau

Líderes que leen

«Churchill tuvo que lidiar con el enemigo más temible de toda sociedad libre amenazada: el cansancio de hacer sacrificios o incluso de tomar en serio las amenazas»

Opinión

Líderes que leen
Foto: Yousuf Karsh| Library and Archives Canada National Portrait Gallery
Anna Grau

Anna Grau

Anna Grau es periodista y escritora y ha sido todo eso en Barcelona, NYC y Madrid.

El pasado 13 de febrero (jornada de reflexión) por la mañana, dando un paseo por la Barceloneta con Carlos Carrizosa y con Inés Arrimadas, me la encontré a ella, a Inés, entusiasmada con un libro que acaba de sacar Guillermo Díaz, diputado de Ciudadanos en el Congreso. Lo ha publicado en Edaf, una editorial a la que tengo especial cariño porque ahí publican varios amigos míos de pluma sabrosa y valerosa, como el querido Javier Santamarta. El libro de Guillermo Díaz se titula ‘Grandes batallas en la pantalla: Hollywood y la realidad de la guerra en la Antigüedad‘, y el enfoque no puede ser más sugestivo. Es un recorrido por varias maneras de hacer la guerra a lo largo de la Historia, apoyándose siempre en clásicos del cine, que a veces es más fiel a la realidad de los hechos… y a veces lo es menos.

Para que nos hagamos una idea, el libro se presenta así: «El autor le enseñará la manera en que combatía una falange macedónica o una legión del imperio romano; las posibilidades de realizar una eficiente carga de caballería; la forma en que se enfrentaban a muerte los campeones de la Edad del Bronce; lo hábiles que eran los legionarios romanos con un gladius hispaniensis en sus manos, o lo chapuceros que eran los ejércitos masivos que formaban los persas, a falta de un liderazgo competente y tropas de calidad. Siempre apoyado en conocidas películas que le hicieron emocionarse en su butaca».

Como el amor propio bien entendido empieza en casa, vaya por delante que mucho me regocijé al ver a la líder de mi partido y a mi jefe de filas en el Parlament hablar de libros con aprovechamiento y afán. Sabrán los que me siguen que una es algo más que letraherida, que ha sido y es hasta booktuber (volverán lo antes posible a tener noticias mías los seguidores de Libros por Un Tubo: www.youtube.com/c/librosporuntubo), con lo cual es estupendo saber que no te has metido en un proyecto de esos donde leer y escribir se considera una pérdida de tiempo o, peor aún, un feo vicio nefando…

Tirando del hilo del libro de Guillermo, y bajo la discreta pero atenta mirada de mi novio, que es argentino, que es poeta y que se llama Ariel, como el Ariel de La Tempestad de Shakespeare (y ya es casualidad que se llame así, porque la tormenta Filomena ha sido determinante en nuestros amores…), salimos a hablar con Carlos y con Inés de otro libro que, como el de Guillermo, incide en el contraste entre leyenda y realidad en momentos de alto voltaje bélico: Cinco días en Londres, mayo de 1940. Churchill solo frente a Hitler’, editado en español por Turner, obra del eminente historiador británico John Lukacs. Esos cinco días -los transcurridos del 24 al 28 de mayo de 1940- fueron los que el Gabinete de Guerra del Reino Unido, presidido por Winston Churchill, pasó debatiendo si Inglaterra se plegaba a negociar con Hitler, como ya estaba haciendo media Europa, o continuaba la guerra casi en soledad. Todo ello con Francia ya ocupada, con el ejército inglés atrapado en Dunquerque y con los Estados Unidos deshojando la margarita de si animaban o no se animaban a entrar.

El libro de John Lukacs pone los pelos de punta por lo bien escrito y documentado que está y porque, como subrayó Inés con un brillo grave en la mirada, acredita que el dramatismo extremo de la hora pasó casi enteramente desapercibido -por lo menos durante esos cinco días- a la inmensa mayoría de la población. Las actas del Parlamento, los titulares de prensa, los documentos privados que iban y venían, dan fe de cómo Churchill tuvo que lidiar con el enemigo más temible de toda sociedad libre amenazada: el cansancio de hacer sacrificios o incluso de tomar en serio las amenazas. La tentación de bajar los brazos y esperar que la guerra ya la gane otro, o que no sea para tanto.

Carlos nos recordó que el referente cinematográfico de lo que cuenta John Lukacs en su libro sería Darkest Hour, titulada en España El instante más oscuro’. La película dirigida en 2017 por Joe Wright y con Gary Oldman interpretando al primer ministro británico. No creo que nadie que la haya visto pueda olvidar el momento en que Churchill toma la palabra en el Parlamento y suelta su célebre discurso llamando a la movilización:

«A pesar de que grandes extensiones de Europa y muchos Estados antiguos y famosos han caído o pueden caer en las garras de la Gestapo y todo el aparato odioso del gobierno nazi, no vamos a languidecer o fallar. Llegaremos hasta el final, lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos, lucharemos con creciente confianza y creciente fuerza en el aire, defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el costo, lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, ¡nunca nos rendiremos!, e incluso si, cosa que ni por un momento creo que suceda, esta isla o una gran parte de ella fuera subyugada y estuviera hambrienta, entonces nuestro Imperio más allá de los mares, armado y protegido por la flota británica, cargaría con el peso de la resistencia, hasta que, cuando sea la voluntad de Dios, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, avance al rescate y a la liberación del Viejo».

¿Mi momento favorito de esa gran película? Pues ni siquiera es el del discurso. Es el momento inmediatamente posterior, cuando se ve la cara de resignación y de asco que se les queda a los adversarios de Churchill, a los que eran partidarios de bajarse los pantalones ante Hitler. Uno, que todavía no sabe ni entiende de dónde viene el golpe, le pregunta al otro:

-Pero…¿se puede saber qué ha pasado aquí?

-¡Que Churchill ha lanzado la lengua inglesa a la batalla!

Los hechos siguieron a la mayor brevedad y con una fidelidad extraordinaria. Está escrito, está filmado, está grabado en mármol y resuena en toda la eternidad.

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