Laura Fàbregas

Limosnear

Escribo estas líneas sabiendo que este lunes se hará público en El País un artículo firmado por Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. Desconozco aún su contenido, pero todo apunta a que será el enésimo intento de la Generalitat de pedir diálogo e intentar salvar los pocos muebles que le quedan. Y a la antigua Convergència, una salida digna para el atzucac donde se ha metido.

Opinión

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Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

Escribo estas líneas sabiendo que este lunes se hará público en El País un artículo firmado por Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. Desconozco aún su contenido, pero todo apunta a que será el enésimo intento de la Generalitat de pedir diálogo e intentar salvar los pocos muebles que le quedan. Y a la antigua Convergència, una salida digna para el atzucac donde se ha metido.

Los nacionalistas esperan que la solución llegue del papá Estado. En lugar de tratar a los electores como ciudadanos mayores de edad, esperan una limosna para poder seguir adelante, obteniendo nuevamente réditos electorales, pero sin la más mínima autocrítica o confesión de haberse equivocado. Ni siquiera un condescendiente y responsable «lo intentamos».

Esta semana ya se ha producido este amago de acercamiento al Gobierno. La plana mayor del secesionismo ha desembarcado en Madrid para rendir homenaje al entrenador de la selección Vicente del Bosque. El trasfondo de la gala fue un grito desesperado al diálogo, contraponiendo de forma velada «la predisposición a la concordia» del entrenador con el desaire de las instancias gubernamentales.

La centralidad catalana de ERC y PDECat se encuentra entre la espada CUPaire y la pared del Estado de Derecho. En Cataluña juegan a decir que “referéndum o referéndum”, pero cuando cruzan el Ebro van a la desesperada de un interlocutor válido. Incluso un ex entrenador del Real Madrid les vale. Porque, su única alternativa ante la falta de valentía para asumir responsabilidades, es limosnear algo, aunque sean las migajas. De las urnas de cartón a un diálogo de cartón piedra.

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