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Lo clásico

El equipo que empezó eléctrico acabó electrocutado pero sigue por delante con un punto más. Hubo poca autocrítica en el perdedor y euforia desmedida en el ganador.

Escribo cuando han pasado 24 horas del Real Madrid-Barça más la de regalo. Ni con esos 60 minutos de más habrán descansado algunos. Ni los ganadores ni los perdedores. Porque unos y otros, a pesar de los puntos de más y de menos, siguen mirándose los rincones para tratar de encontrar suciedad y, de paso, morder el polvo. Y mira que este partido es de los fáciles: ganó el mejor. Punto.

Pues no. No es suficiente. El clásico debe seguir un guión, unas pautas de comportamiento dentro y fuera del césped. Unos y otros reclaman penaltys. Unos tiran en cara a otros los gestos que hicieron en su día. Las dos manos de Pepe tras el gol son tan poco criticables como la de Piqué tras un 5-0 inolvidable para el barcelonismo.

El público del Bernabeu sigue insultando al Barça y a Catalunya con la misma acritud de siempre. Es, quizá, el único dia de muchos en el que Casillas escuchó pocos pitos porque había que centrarse en lo de siempre. Cristiano volvió a no ser el mejor ante Messi. Su particular duelo con el argentino volvió a no ganarlo. De hecho, empataron. El portugués no dio la talla esperada y el reconocimiento del respetable se lo llevaron Isco y Benzema. El argentino se diluyó en la segunda parte, esperó balones que no llegaron y terminó con la cabeza gacha. Ronaldo marcó su gol a los de Luis Enrique en su casa como es habitual en él, de penalty.

El equipo que empezó eléctrico acabó electrocutado pero sigue por delante con un punto más. Hubo poca autocrítica en el perdedor y euforia desmedida en el ganador. Lo clásico de un clásico que, también como casi siempre, se jugó en octubre por esos extraños caprichos del ¿azar? en el calendario liguero.

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