Nestor Barreira

Lo dije. ¡Os vais a caer!

Antes de la paliza del 1-7 contra Alemania, mi padre me dijo que Brasil iba a morir futbolística y socialmente por su "exceso de orgullo" y que "iba a ser terrible para la calle" mientras veía en los informativos los disturbios de Sao Paulo.

Opinión

Lo dije. ¡Os vais a caer!
Nestor Barreira

Nestor Barreira

Subdirector de Actualidad en TELE 5.

Antes de la paliza del 1-7 contra Alemania, mi padre me dijo que Brasil iba a morir futbolística y socialmente por su «exceso de orgullo» y que «iba a ser terrible para la calle» mientras veía en los informativos los disturbios de Sao Paulo.

Antes de la paliza del 1-7 contra Alemania, mi padre me dijo que Brasil iba a morir futbolística y socialmente por su «exceso de orgullo» y que «iba a ser terrible para la calle» mientras veía en los informativos los disturbios de Sao Paulo. “Alguno que otro caerá» dijo.

Es complicado que un país se ponga en contra de sí mismo, pero allí ha ocurrido. El Brasil de la pobreza lo hizo contra el Mundial y sus políticos. El Brasil futbolístico puso incluso a todo un continente latinoamericano en su contra, desde Chile hasta Estados Unidos. Todos descojonados de las lágrimas de los aficionados tras la humillante derrota en Belo Horizonte.
Hay que hacer muchos méritos para ser odiado por tanta gente.

Un compañero de deportes vaticinó la debacle brasileña antes de partir hacia Curitiba. Lo peor es que a la vuelta se alegraba de la misma. “Tras nuestra derrota contra Holanda nos insultaban por la calle, nos hacían cortes de manga, nos vacilaban… Tuvimos que sacar hasta las pegatinas con la bandera de España de la furgoneta de prensa porque nos rayaban el coche. Demencial. Se lo merecen (la paliza ante Alemania)”, dijo.

Ese desprecio, esa falta de caballerosidad hacia el contrario, esa pedantería exhibicionista que demostró Brasil hacia el resto del mundo del fútbol le costará algo más que dinero enmendarla y corregirla.

Sin embargo España, corneada, apaleada y acabada se marchó en silencio. Cogió sus maletas y empezó sus vacaciones. Ni siquiera perdió el tiempo en tirarse trastos a la cabeza. No es que sea un mérito pero no haces el ridículo.

Mi padre, como buen gallego, seguía observando la desgracia brasileira por la tele: «Ya lo dije. Os vais a caer”, sentenció. El orgullo de un país está en la humildad de sus gentes.

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