Joaquín Jesús Sánchez

Lo malo conocido

«Se ha insultado a quienes hacían cola en busca de alimento [...] y se ha alentado la transformación de la ciudad de Madrid en el mingitorio de media Europa. Aun así, el partido de Isabel Díaz Ayuso ha ganado holgadamente las elecciones»

Opinión

Lo malo conocido
Foto: SUSANA VERA| Reuters
Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) estudió Filosofía y escribe crítica de arte, crónicas malhumoradas y artículos de variedades. Puede seguir sus trepidantes aventuras en www.unmaletinmarron.com

En el primer capítulo de The Newsroom, esa serie escrita por el petulante de Sorkin, el protagonista se encara con una estudiante que le preguntaba por qué los Estados Unidos son el mejor país del mundo. «¿Vas a decir, sin reírte, que América es tan maravillosa y cuajada de estrellas que somos los únicos en el mundo que tenemos libertad? Canadá tiene libertad, Japón tiene libertad. El Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, España… Australia, ¡Bélgica!, tienen libertad. Hay 207 estados soberanos en el mundo y 180 tienen libertad». Recordaba esta escena durante el discurso triunfal de Ayuso, cuando ha gritado, asomándose por el balcón, que «libertad es llevar una pulsera que dice libertad». Chúpate esa, Demóstenes.

El Partido Popular ha gobernado la Comunidad de Madrid durante la pandemia, ordenando no trasladar a los ancianos demasiado enfermos a los hospitales, enriqueciendo a las empresas de sanidad privada, desmantelando los servicios públicos y abusando laboralmente de sus trabajadores. Durante su gestión, se ha preferido primar la apertura de la actividad económica a salvaguardar la salud y la vida de sus vecinos, se ha insultado a quienes hacían cola en busca de alimento, se ha hacinado a los usuarios del transporte público, se ha construido un ¿hospital? con fines estrictamente electoralistas y se ha alentado la transformación de la ciudad de Madrid en el mingitorio de media Europa. Aun así, el partido de Isabel Díaz Ayuso ha ganado holgadamente las elecciones.

Mientras seguía el escrutinio, con el portátil en las rodillas y la televisión de fondo, he visto la aglomeración de celebrantes del triunfo popular. Ahí estaban los pijazos de siempre, con las banderas atadas al pescuezo (sospecho que creen que España protege del virus). Siempre me ha intrigado esa gente que sale a celebrar los resultados electorales. Que los vecinos de la calle de la calle Génova, una de las más caras de la capital, se restrieguen por la victoria de los suyos me parece lo lógico; que el partido de esos fulanos haya ganado en el cinturón obrero de Madrid ya no tanto. La gente que necesita los servicios públicos vota a la gente que los destruye: una idea excelente.

En otro orden de cosas, Gabilondo dice que detesta la confrontación, así que es esperable que se mantenga en silencio durante los dos próximos años. Mónica García ha superado en votos al Partido Socialista y Pablo Iglesias ha dimitido de todos sus cargos apretando mucho el entrecejo. Rocío Monasterio ha ganado un escaño que usará para perseguir a menores indefensos. ¿Y Edmundo Bal? Por mucho que lo busco, no lo encuentro.

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