Jordi Bernal

Lo que interesa a la gente

Si en algo podemos darle la razón a los políticos que este domingo echaron a la calle a la gente (todavía no me ha quedado claro si mucha o poca) con la rojigualda es que Sánchez ha dado una vidilla a los independentistas de la que carecían en los últimos meses.

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Lo que interesa a la gente
Foto: Manu Fernandez
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

Si en algo podemos darle la razón a los políticos que este domingo echaron a la calle a la gente (todavía no me ha quedado claro si mucha o poca) con la rojigualda es que Sánchez ha dado una vidilla a los independentistas de la que carecían en los últimos meses. Cabizbajos y lastimeros desde el 155, la moción de censura les permitió de nuevo un protagonismo ventajista que, sin lugar a duda, han sabido aprovechar. Sólo hace falta observar la sonrisa de vendedor de seguros que esgrime el portavoz del PDeCAT, Carles Campuzano, para percatarse de que vuelven a estar en su salsa. Y esa no es otra que la del chapoteo solazoso en el mísero chalaneo.

Henchidos de micro y focos insisten en un diálogo que no es más que el mercadeo por otro trozo del pastel. Con su rostro de barra fija, Joan Tardà no esconde que la negativa de un partido de izquierdas a unos presupuestos diseñados para conseguir el voto fácil de la izquierda se debe básicamente a una burda presión chantajista que pasaría por que el gobierno interfiriera en el proceso judicial en marcha. Otra muestra de que las reglas de juego y el respeto a la legalidad democrática siempre ha sido cuando menos una cuestión circunstancial para la quintacolumna del congreso.

Así pueden estar hasta las elecciones municipales de mayo. Con el mareo de la perdiz que les permita seguir sacando pecho sin correr el riesgo de acabar como sus compañeros de filas cuando demostraron sin ambages que su concepto de diálogo tiene menos que ver con el intercambio de ideas y pareceres entre partes que con un monólogo interior trastornado y febril.

Pero el espectáculo debe continuar. Nos quedan por delante unos meses intensos que ni la política ni su medio ambiente mediático desaprovecharán. Será que el común de los mortales andamos un pelín despistados y toda esta monumental farsa es, en verdad y como dicen ellos, lo que interesa a la gente.

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