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El PSOE se estrenó en el Parlamento con estas palabras de Pablo Iglesias, quien fue su fundador, dirigidas a Antonio Maura: “Hemos llegado al extremo de considerar que antes que SS suba al poder debemos llegar hasta el atentado personal”. Maura estaba ya en el poder, pero nadie osó acusar nunca a Pablo Iglesias de ser un hombre especialmente brillante. Por cierto, que quince días más tarde, el 22 de julio de 1910, el socialista Manuel Posa Roca disparó a Maura, y le hirió en un brazo y una pierna.

Luego colaboró con la dictadura de Primo de Rivera, desde donde minó el poder de la CNT y asentó el de su propio sindicato, la UGT. No quiso participar, sin embargo, en los proyectos de reforma social del régimen de la Restauración, convencido como estaba de que el capitalismo sucumbiría a sus propias contradicciones y de su caos surgiría el socialismo.

Participó a regañadientes en la II República, pero en cuanto se vio desposeído del poder, dio curso a sus principios revolucionarios y se alzaron contra el régimen. Hubo una lucha entre los partidarios de la revolución y los que se mantenían fieles a la II República que, en ocasiones, se saldó a tiros. Largo Caballero, que aceptó con gusto el apelativo de “Lenin español”, proponía en 1936 la Guerra Civil como el camino más rápido hacia la revolución.

Caballero se negó a convertirse en un instrumento de los comunistas, pero Negrín no. Le entregó a la URSS el oro del Banco de España a cambio de un pagaré por valor de unas cuantas armas, y alargó el conflicto todo lo que pudo, con gran coste humano, para que cayera sobre España el conflicto europeo.

Fuese durante la Dictadura de Franco, y no se supo nada del partido. Quien hacía oposición de verdad fue el Partido Comunista. El PC fue, también, quien pactó la Transición. El PSOE, que se ha beneficiado más que ningún otro partido de esta democracia, rechazó el cambio legal y pacífico liderado por Juan Carlos I y Adolfo Suárez y abogaba por la “ruptura” y el reenganche con la historia quebrada en 1936.

Enterró a Montesquieu con la reforma del poder judicial de 1985, y con los jueces en la mano robó sin cuento ni medida, y no dejó institución sin saquear. Siempre ha demonizado al PP (antes AP), a sus líderes, a sus referencias políticas y a sus votantes. Sin cuartel, sin concesiones a la democracia, que es alternancia. En marzo de 2004 volcó la responsabilidad del mayor atentado terrorista en nuestro país sobre el Gobierno. Y durante la democracia, como durante la II República, ha contribuido a poner en duda la continuidad histórica de España.

Ahora puede acabar en la irrelevancia, y sólo por su culpa. El PSOE de Zapatero fue el que creó a Podemos, y su hijastro revolucionario puede acabar por llevarlo al patíbulo de la política. Queda paralizado ante la posibilidad de permitir que gobierne un PP que ha ganado las elecciones. Y su única opción de salvamento es que sus propios votantes desaprendan lo que el PSOE les ha enseñado durante décadas. Si nada de esto lo tienen en cuenta los nuevos dirigentes del partido, nada se podrá hacer por él.

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