Raquel Sastre

Lobos con piel de cordero

O de hilo de seda; sea lo que sea, el delincuente de hoy ya no usa pasamontañas, usa corbata. El delincuente de hoy no te roba con pistola, lo hace con concesiones. El delincuente de hoy te manda a la policía a que te detenga a ti.

Opinión

Lobos con piel de cordero

O de hilo de seda; sea lo que sea, el delincuente de hoy ya no usa pasamontañas, usa corbata. El delincuente de hoy no te roba con pistola, lo hace con concesiones. El delincuente de hoy te manda a la policía a que te detenga a ti.

O de hilo de seda; sea lo que sea, el delincuente de hoy ya no usa pasamontañas, usa corbata. El delincuente de hoy no te roba con pistola, lo hace con concesiones. El delincuente de hoy no es detenido por la policía; el delincuente de hoy te manda a la policía a que te detenga a tí.

A estos delincuentes los hemos dejado en libertad nosotros, dándoles un trabajo a golpe de voto sin posibilidad de despido procedente. Estos delincuentes saben que tienen las de ganar porque ellos visten de seda y nosotros estamos amortajados con miedo. A ellos les amparan las leyes, los jueces, los cuerpos de seguridad y, lo peor de todo, los votantes. 

Estos delincuentes existen porque aún queda en nuestra memoria genética restos de la sociedad feudal. Ellos son amos, nosotros sus esclavos. Ellos nos dicen qué hacer y cuándo. Ellos limitan nuestros derechos y libertades y amplían los suyos más allá de lo concebible. Ellos siguen comiendo caviar y muchos de nosotros pasando hambre. Estos delincuentes saben que tenemos «genes» feudales, pero no revolucionarios. Saben que si nos mandan a unos cuantos «soldados» las protestas no van más allá de unos gritos. Saben que si nos ponen «circo» en la tele no protesta ni nuestro subconsciente. 

Estos delincuentes dicen que somos nosotros los delincuentes, vándalos a los que les gusta provocar violencia sin motivo, a los que hay que enviar perros de caza para que aplaquen nuestras quejas… Cuando las protestas ya son silencio, el perro de caza se quita el uniforme convirtiéndose en uno de nosotros, y estos delincuentes sonríen tranquilos, sabiendo que sus vasallos son controlados por otros vasallos, cerrando el círculo mágico que convierte a estos delincuentes en políticos. 

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