Joaquín Jesús Sánchez

Los fans

«No sé si a Fernando Simón el recuento general de aciertos y errores le sale a pagar o a devolver, pero, hombre, alguna metedura de pata ha habido»

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Los fans
Foto: QUIQUE GARCIA| EFE
Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) estudió Filosofía y escribe crítica de arte, crónicas malhumoradas y artículos de variedades. Puede seguir sus trepidantes aventuras en www.unmaletinmarron.com

Ciertos sectores de la izquierda le han cogido afición a convertir todo lo que les gusta en un icono pop. ¡No lo pueden remediar! ¿Os acordáis de los dibujitos que le hicieron a Carmena? Qué bochorno. Guerrilla gráfica lo llamaban (¡guerrilla!), porque es lo mismo subirse a Sierra Maestra a darse tiros con los de Batista que abrir el Photoshop.

Fernando Simón parece ser la última de sus musas. Camisetitas, ríos de admiración en las redes sociales y fan-art súper cuqui. «Meterse con Fernando Simón es tan feo como pegar a un padre», llegó a escribir Jordi Costa en El País. ¡Todos somos contingentes, pero usted es necesario!

No voy a dedicarme aquí a evaluar la labor de Simón en todo el follón este del coronavirus, porque no es mi negociado. No sé si el recuento general de aciertos y errores le sale a pagar o a devolver, pero, hombre, alguna metedura de pata ha habido. Me parece, aunque tengo que mirar el excel para comprobarlo, que hemos tenido «más de algún caso diagnosticado» y reconozco que a estas alturas aún no me queda claro si él cree que nos conviene llevar o no mascarilla. Ignoro si estos errores son similares a los de sus colegas europeos, si realmente no tenía datos para hacerse una idea más acertada de la que se nos venía encima o si sencillamente ha sido incompetente o negligente. Pero sospecho que estas dudas no inquietan al que dibujó al director de Alertas Sanitarias como un simpático zorrito de Animal Crossing (un videojuego lleno de personajes cursis y amigables).

Intuyo que se puede apoyar la labor de alguien sin arrastrar el debate a la versión posmoderna de gritar vivas a la virgen de la Asunción. Hay algo patético en todo este asunto: entre el que escribe sobre la «nueva masculinidad de Fernando Simón» y el que le hace memes, se olisquea el almibarado tufillo del infantilismo burgués. El adolescente que pierde el oremus cuando el famoso que le gusta le pasa por delante no es, digamos, un gran sujeto político. Mucho ruido y pocas nueces.

¿Será el signo de los tiempos este lodazal de haters y fans? No lo sé, pero me gustaría pedir a los de la guerrilla gráfica que se rindan y entreguen los Apple Pencil. Basta de cucamonas: un poco de recato, camaradas.

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