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Los gritos

"Ortega Smith ha meado fuera del tiesto. El día estaba dedicado a una violencia específica de las que sufren algunas mujeres"

Foto: Juanjo Martin | EFE

25 de noviembre. El calendario marca el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, con la salvedad de que lo hace en mayúsculas. Los días internacionales son como el santoral, convocan a la sociedad a una veneración al unísono sobre el calendario. El Ayuntamiento de Madrid no ha faltado a la cita, y ha organizado una conmemoración del día en el Palacio de Cibeles.

Todos los grupos políticos, con desigual entusiasmo, se han sumado a la celebración. Toda violencia es condenable. Los asesinatos suponen un daño irreparable, y merecen la mayor condena. El tono del acto debía ser grave y conminatorio. Miramos al sistema político como siempre lo hemos hecho, como Dios en la Tierra, y esperamos de él que resuelva nuestros problemas. Y este lo es.

Pero, como digo, había un gradiente de entusiasmo, lo cual es extraño, en principio. Así como unos transigen con la violencia política, en función de cuáles sean sus objetivos, aquí no hay ningún grupo que no deseara que la violencia contra las mujeres se reduzca al mínimo, o desaparezca. ¿Por qué, esas diferencias? Por la respuesta que le ha dado nuestro sistema a la cuestión. El objetivo es compartido, las medidas adoptadas no lo son. Ocurre lo mismo en la lucha contra el paro, por ejemplo.

Vox, que tiene representación en el Consistorio, también ha participado. Javier Ortega Smith se ha subido al atril y ha empezado a hablar de otras violencias contra la mujer; como las que ejercen otras mujeres. Y su discurso ha sido recibido con pataleos, abucheos y gritos por parte del público.

Ortega Smith ha meado fuera del tiesto. El día estaba dedicado a una violencia específica de las que sufren algunas mujeres. Pero no todas las respuestas a su actuación han estado a la altura. Una víctima de la violencia le ha gritado que con este asunto “no se puede hacer política”. Se le ha caído el adjetivo. Lo que quería decirle es que no cabe hacer política democrática. Porque la democracia pasa por el fastidio de escuchar a los representantes de todos los partidos, y de aceptar su igual derecho a la participación en las instituciones. Es de lo más incómodo para algunas mentalidades, y varias décadas de democracia en España no son suficientes para que todo el mundo entienda esto.

La respuesta que merece Ortega Smith es la que le ha dado el alcalde, José Luis Martínez Almeida: Hoy no toca. Pero la que merecen todos es que el asunto es lo suficientemente importante como para aceptar un debate sobre las circunstancias en las que se produce todo tipo de violencia en el ámbito familiar. Y en ese debate no caben los gritos.

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