José Carlos Rodríguez

Los odiosos ocho

La organización Intermón Oxfam ha publicado un informe en el que asegura que ocho personas (“ocho hombres, en realidad”, precisan sus autores) poseen más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad. Ese es el titular que han repetido todos los medios, a partir de un informe suficientemente largo como para que nadie, y menos que nadie los periodistas, se lo hayan leído. Consta de 46 páginas compuestas a partir de proclamas políticas. En ellas nada se dice sobre cómo han adquirido su riqueza los odiosos ocho. Son empresarios, y han creado más riqueza de la que poseen, porque una parte se la han llevado los impuestos y otra la han donado. Y, por supuesto, tienen todo el derecho a darle el destino que quieran, un derecho del que Oxfam carece por completo.

Opinión

Los odiosos ocho
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

La organización Intermón Oxfam ha publicado un informe en el que asegura que ocho personas (“ocho hombres, en realidad”, precisan sus autores) poseen más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad. Ese es el titular que han repetido todos los medios, a partir de un informe suficientemente largo como para que nadie, y menos que nadie los periodistas, se lo hayan leído. Consta de 46 páginas compuestas a partir de proclamas políticas. En ellas nada se dice sobre cómo han adquirido su riqueza los odiosos ocho. Son empresarios, y han creado más riqueza de la que poseen, porque una parte se la han llevado los impuestos y otra la han donado. Y, por supuesto, tienen todo el derecho a darle el destino que quieran, un derecho del que Oxfam carece por completo.

Lo que propone Oxfam es quitarles esa riqueza por medio de impuestos, y repartirla. Ya sabemos cómo acaba eso. Los odiosos ocho acaban siendo miles de personas. Si realmente se llevase a cabo, los fondos recaudados los gestionaría una organización de probos funcionarios con tendencia al latrocinio. Y lo repartirían entre organizaciones que dicen de sí mismas que luchan contra la pobreza de otros; a quienes, además, nunca le llegan esos fondos. Y como el beneficio y la riqueza es parte de lo que mueve a los empresarios, si se la quedan otros simplemente no se producirá igual. La riqueza es frágil, y cuando se quiere arrancar con una mano se acaba desvaneciendo como la arena de la playa.

Menos mal que el mensaje de Oxfam no se oye allí donde más ha remitido la pobreza en el mundo. Y no es casualidad.

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