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Los ojos cerrados de la justicia

El Palacio de Justicia de Barcelona es la sede del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). Fue construido entre 1887 y 1908 con el objetivo de ubicar en un solo edificio los juzgados de la capital y la Audiencia Provincial. Las cuatro fachadas del palacio fueron decoradas con diversas esculturas y relieves que pretendían homenajear a personajes, acontecimientos y disciplinas de raigambre local y universal: desde el derecho romano al Consejo de Ciento, pasando por Alfonso X el Sabio. El proyecto original preveía además que la entrada principal estuviera presidida por un Moisés, rodeado de la Fortuna y la Templanza, sobre el que se colocaría una estatua de la Justicia. Curiosamente, la Fortuna y la Templanza fueron sustituidas por alegorías del derecho común y foral español y la Justicia reemplazada por una gran veleta de hierro de forja.

La Justicia se representa desde la antigüedad como una mujer con una balanza y una espada, elementos que simbolizan la equidad a la hora de escuchar los argumentos de las partes y capacidad para ejercer jurisdicción. En su excelente obra sobre la iconografía jurídica, José M. González García recuerda que la venda empezó a aparecer en el arte y la literatura a comienzos del siglo XVI (Brant, Durero o Brueghel el Viejo) como crítica a la corrupción jurídica medieval, donde los jueces aplicaban derecho sin reglas procesales claras y en atención a la arbitrariedad que ofrecían las normas consuetudinarias. Solo después de la revolución luterana la venda empezó a identificarse con la independencia del juez, que debe hacer justicia mirando en su interior, sin dejarse presionar por la apariencia de los contendientes en el pleito.

Hoy comienza el juicio a Mas, Ortega y Rigau por presuntamente desatender diversos autos del Tribunal Constitucional que suspendían la consulta independentista de noviembre de 2014. El órgano instructor consideró que había indicios suficientes para abrir juicio oral por los delitos de desobediencia y prevaricación. Antes de entrar al Palacio de Justicia, una masa de personas acompañó a los acusados para expresar su oposición a un proceso que consideran político y un ataque contra la dignidad del pueblo catalán. Querrían los manifestantes y quienes les conducen que la administración del derecho se hiciera atendiendo a los cánones superados por el derecho moderno: la venda tendría que servir para que la ley fuera ciega a los actos ilegales derivados de las maniobras constituyentes que en Cataluña se ensayan desde hace años. La Justicia transformada ahora sí, en una veleta dirigida por el viento de la historia y las mayorías coyunturales.

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