THE OBJECTIVE
Fernando Garcia Iglesias

Los primeros pasos

La Cuba que conocemos es una polaroid de los 60. A uno le queda la duda de si para llegar a La Habana hace falta un avión o el famoso DeLorean.

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Los primeros pasos

La Cuba que conocemos es una polaroid de los 60. A uno le queda la duda de si para llegar a La Habana hace falta un avión o el famoso DeLorean.

La Cuba que conocemos es una polaroid de los 60. Los coches antiguos esquivando baches en las calles de La Habana, o parados en el arcén, con el capó en alto, siempre con algo que reparar. En las calles unos niños juegan al béisbol rodeados de edificios de pintura vieja y carcomida, y esquivando los escombros de unas fachadas que ya no dan más de sí. En un parque, a la sombra de unas palmeras, unos ancianos conversan y ven pasar a un mundo que poco ha cambiado en tres generaciones. A uno le queda la duda de si para llegar a La Habana hace falta un avión o el famoso DeLorean.

El jueves al mediodía, las televisiones en Cuba retransmitían el principio del cambio que rompía la monotonía de más de medio siglo. Salía primero el dictador Raúl Castro, y pocos se lo podían creer; luego salió Obama, explicando que se normalizarían las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Me cuentan que los rostros de la gente se iluminaron con un atisbo de esperanza en algunos casos, y con un sano alivio y sonrisas nerviosas en otros. Es el final de una política que no ha funcionado. Más de medio siglo de aislamiento y embargo que tenía como fin el debilitamiento de la feroz dictadura castrista, pero que solo sirvió para enaltecer al líder de los barbudos como un resistente valeroso a ojos de la izquierda internacional más idiota, como el último combatiente contra el imperialismo yanki, y dio al gobierno castrista la perfecta excusa para salvar el culo a un sistema comunista, siempre incapaz y siempre ineficiente y siempre criminal.

Parece que ha llegado la hora de que Cuba y Estados Unidos dejen de ser países enemigos y se conviertan en países vecinos. Falta todavía mucho para que la verdadera libertad recorra esas 80 millas que separan Florida de Cuba y se cuele otra vez en la vida de un pueblo cubano ansioso de cambios profundos y ávido de progreso, pero los primeros pasos se están empezando a dar.

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