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Los taxistas se han equivocado, y lo saben

Foto: ALBERT GEA | Reuters

Hay tregua de los taxistas de Madrid y Barcelona. Pues muy bien. Dicen que por ahora se dan por satisfechos con que la Conferencia Nacional del Transporte haya decidido traspasar la competencia sobre las licencias de vehículos de alquiler con conductor (VTC) a las Comunidades Autónomas que lo soliciten. Y el ministro del ramo, Ábalos, el colega de Sánchez, propone a los gobiernos autonómicos que se acojan a un nuevo marco normativo que estará listo en septiembre y les habilitará para tener capacidad regulatoria en materia de licencias VTC, mientras las que no lo deseen seguirán bajo el marco estatal.

Los taxistas la han cagado, y lo saben. Han perdido con esta huelga, que algunos convirtieron en una fiesta rave, más de lo que puedan ganar nunca: la confianza de millones de ciudadanos que no parecen dispuestos a volver a pillar un pelas.

Los taxistas se han equivocado, y lo saben. No se le pueden poner puertas al campo. Y Cabify, Uber y los que vengan no van a desaparecer. Los problemas de los taxistas son esencialmente ellos mismos, que ofrecen un servicio menos atractivo que los servicios VTC. Y con esta huelga han terminado de ganarse la antipatía del personal.

El Gobierno y las Comunidades Autónomas lo que debieran es dejar de obsesionarse con recaudar y recaudar dinero, y liberalizar el sector a fondo. Es verdad que los taxistas pagan un dineral por cada licencia, aunque también es cierto que hay mucho tejemaneje posterior en reventas y cesiones. Los más de 15.000 trabajadores de Uber y Cabify que estos días se han visto acosados, a veces de modo salvaje, por los huelguistas, tienen derecho a ganarse decentemente la vida con un servicio que se impone por calidad y precio.

El problema no está resuelto, y me da que los taxistas han cedido porque creen que a los Gobiernos autonómicos van a poder presionarles aún más y acabarán cediendo, lo cual sería un dislate. La obligación del Gobierno es proteger los derechos de los ciudadanos, no plegarse a las presiones de huelguistas que practican la violencia. El atasco del problema no se ha resuelto, es una tregua de unos extorsionadores.

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