Jorge San Miguel

Los viejos

«Parece que a nadie se le ocurre -y menos a los “monárquicos” del 78- que el valor de la monarquía, si lo tiene, es la vejez; y que los del vídeo igual algo saben, aunque sea por viejos»

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Los viejos
Foto: | Unsplash

“A menudo se echa en cara a la juventud / el pensar que el mundo empieza con ella”, canta Joe Crepúsculo en una canción secamente titulada Los viejos. Esto es lo que se ha venido llamando “adanismo”, del que se habla mucho desde la época de ZP, como si no hubiera habido antes. Battiato también cantaba eso de “mi risvegliavi un’innocenza preadamitica”. Todos somos adanes; e incluso “unos adanes”, como decían nuestras abuelas.

Esta semana los monárquicos han sacado un vídeo y se les critica que son viejos y que dan mal en cámara. El vídeo es cutrillo, es verdad. No es como aquellos carteles cuquis del “desbordamiento” de Carmena, que hasta las arrugas que le sacaban eran de colores y de progreso. Ni como las entrevistas de Pepe Mújica con los pinreles al aire. Esto es una vejez  calzada y sepia, vetusta, constitucional, polvorienta, setentayochista. Abres el vídeo y es como abrir el sepulcro del Cid. Por otra parte, ¿qué puede esperarse del bando monárquico, sino cosas viejas? Venir con novedades sería casi una contradictio in terminis.

Por tanto, las fuerzas de progreso, en su eterna juventud o adanismo, han dictaminado que el vídeo es feo, que los monárquicos son viejos y que además, hacen “un flaco favor” -la gente que no es de izquierdas se pasa la vida haciendo flacos favores: al parecer les basta con abrir la boca, o con existir; pero esa es otra historia. La vejez no es tema menor, es el meollo del asunto. Los monárquicos son viejos y la monarquía es vieja, y por tanto se puede prescindir de unos -¡ya se vio con el virus!- y de otra.

Parece que a nadie se le ocurre -y menos a los “monárquicos” del 78- que el valor de la monarquía, si lo tiene, es la vejez; y que los del vídeo igual algo saben, aunque sea por viejos. Magris venía a decir insidiosamente de Jünger que, en su caso, la extrema vejez había sido solo un durar sin mérito, y así es la monarquía para los jóvenes republicanos: un durar poco meritorio y de pasado fascistoide. Los jóvenes republicanos son gente como Errejón, que podría ser mi hermano pequeño, Colau, que podría ser mi hermana mayor, y Monedero, que podría ser un tío que tuvo una mala época. Tampoco es tan raro, porque esto de los indignados lo empezaron dos señores que tenían un par de siglos a cuestas. La edad es un poco como todo.

Mi padre fue republicano hasta muy mayor, cuando aún se podía ser de orden y republicano, y llevar bigote sin ironía. Tenía guardada una botella de Viña Pomal del setenta y algo para cuando viniera la República. Era una botella predemocrática, que mi padre había guardado para que pasara el período monárquico constitucional como la luz por el vidrio, sin tocarlo, hasta el alumbramiento de la Tercera República. Mi padre se cansó, o se hizo accidentalista, y nos acabamos bebiendo el vino mi amigo David y yo después de algún cine-club; aunque hubo que colarlo porque entre pitos y flautas y transiciones el corcho se había picado.

Hace unos años algunos quisimos difundir la idea de que los jóvenes españoles llevaban números muy malos en la lotería laboral y en todo lo que venía después. Era la época en que las reformas iban de esto o despolitizar la justicia y no de jugar con los pronombres. Veo ahora que teniendo razón en algunas cosas, o en muchas, aquella era una política descarnada de la experiencia y, por tanto, con las patas muy cortas salvo para hacer avanzar algunas carreras -¡la mía la primera! Al final, la nueva política es un poco como todo. Los jóvenes, por su parte, se han aprestado desde entonces a recorrer los surcos de la noria donde el país dio vueltas durante décadas; y allí donde el surco había desaparecido lo han vuelto a cavar con alegría.

Todos nos hacemos viejos, como la monarquía, aunque no sé si sabios. Cada mañana me digo que el país no puede ir a menos, y cada noche, cuando el día ya es viejo, ha ido. No sé si los viejos del vídeo están para arreglarlo; pero, como nos toque a los “jóvenes” y a los republicanos, y a la vista de los hechos, vamos de culo.

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