Jose Antonio Abellan

Luis Aragonés

Se nos ha ido el icono más grande del futbol español, y se nos ha ido como solo él sabíamos que lo haría cuando llegara su hora, de repente, sin avisar. Y lo que es mejor hasta el último día ha sido fiel a su personalidad.

Opinión

Luis Aragonés

Se nos ha ido el icono más grande del futbol español, y se nos ha ido como solo él sabíamos que lo haría cuando llegara su hora, de repente, sin avisar. Y lo que es mejor hasta el último día ha sido fiel a su personalidad.

Se nos ha ido el icono más grande del futbol español, y se nos ha ido como solo él sabíamos que lo haría cuando llegara su hora, de repente, sin avisar. Y lo que es mejor hasta el último día ha sido fiel a su carácter, a su personalidad.

Apenas hace dos semanas le hicieron la que ha debido ser su última entrevista. Se la hizo «uno de sus niños», José Miguélez. Esa entrevista aparte de facilitar que se encontraran y tomaran un café también les sirvió, cómo no, para discutir. José tituló que Luis se jubilaba (se lo había dicho literal) y a Luis le faltó tiempo para «matizarlo» en nota pública. Era genial, mejor dicho, es genial porque su personalidad, su carácter, su alma, eran aun mas grandes que sus pies y todo eso permanecerá toda la vida.

Me alegro de haber pertenecido al club de los elegidos, dícese de aquellos a los que Luis quería aunque para ello tuvieras que pagar, de vez en cuando, un peaje: el del enfado y la discusión. Si querías ser su amigo tenías que estar dispuesto a ser su enemigo cuando él quisiera… Esto lo hacia más divertido, más de verdad… «ódiame por piedad, yo te lo pido, ódiame sin medida ni clemencia, odio quiero mas que indiferencia…”

España entera vela a Luis Aragonés, el padre de nuestro fútbol moderno, el que nunca se callaba, el que iba siempre con la verdad por delante, aunque doliera. El único entrenador de la historia del que ningún jugador habló nunca mal. En mi memoria queda una charla a solas en Mallorca, mientras, fuera, estaban amigos nuestros diciendo «se van a matar, se van a matar…», dentro nos estábamos descojonando con anécdotas, entre otras, de nuestro nexo de unión, el negro Pereira.

Maestro… me acordaré mucho de ti.

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