Gabriel González-Andrio

Macabra protesta

Los niños hoy enjaulados posiblemente se quedarán sin habla cuando –ya adultos- sean conscientes de que un día fueron figurantes de una macabra protesta.

Opinión

Macabra protesta

Los niños hoy enjaulados posiblemente se quedarán sin habla cuando –ya adultos- sean conscientes de que un día fueron figurantes de una macabra protesta.

La imagen podría llevar a engaño. No es lo que parece, pero es aterradora. Parece que un grupo de manifestantes sirios decidió hacer una performance al estilo del Estado Islámico (EI) para protestar contra el régimen de Bashar al Asad y sus fuerzas leales. Con el fin de llamar la atención decidieron disfrazar a un grupo de niños con trajes naranjas (modelo “Guantánamo”), color con el que el EI viste a sus rehenes y víctimas. Querían así –dicen- comparar al gobierno sirio con el grupo yihadista.

Después del vídeo donde quemaban vivo al piloto jordano, la imagen logra su objetivo. La escena es realmente dantesta y no imagino lo que pasaría si algún día ocurriera algo así. Aunque algunas informaciones apuntan a que entre las víctimas asesinadas por el EI también hay niños cuyo ‘pecado’ es profesar la fe cristiana y creer en Dios.

Siria está escribiendo una de las páginas más negras de su historia. No voy a entrar sobre quién empezó primero, como hacen los niños cuando se pelean o discuten en la escuela. No hay nada que pueda justificar la muerte de miles de inocentes y multitud de desplazados. Las afueras de Damasco bien podrían fomar parte de las mejores localizaciones para una película sobre el fin del mundo. Clint Eastwood le sacaría partido, no hay duda.

La situación ha superado hasta las más pesimistas expectativas internacionales. Nada hace pensar que esto tenga un fin cercano. Los niños hoy enjaulados posiblemente se quedarán sin habla cuando –ya adultos- sean conscientes de que un día fueron figurantes de una macabra protesta.

Y más aún cuando comprueben que hubo gente que fue condenada a ser quemada viva ante los ojos del mundo. Y que esa dantesca imagen no había sido una performance.

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