Carme Chaparro

Machitos

No quiero ni imaginar el dineral que costarán los equipos que llevan encima esos tres hombres. No quiero imaginar tampoco la cantidad de talento humano que habrá hecho falta para crear toda la tecnología que utilizan en sus trabajos.

Opinión

Machitos

No quiero ni imaginar el dineral que costarán los equipos que llevan encima esos tres hombres. No quiero imaginar tampoco la cantidad de talento humano que habrá hecho falta para crear toda la tecnología que utilizan en sus trabajos.

No quiero ni imaginar el dineral que costarán los equipos que llevan encima esos tres hombres. No quiero imaginar tampoco la cantidad de talento humano que habrá hecho falta para crear toda la tecnología que utilizan en sus trabajos. Y todo eso a punto de echarse a perder por un cerebro humano ávido de juerga y alcohol.

Porque a estos tres agentes del Servicio Secreto (ya saben, el que se dedica a proteger al que ellos llaman de manera rimbombante y ridícula líder-del-mundo-libre) han sido pillados con unas cuantas copas de más. Lo de “unas-cuantas” es una manera suave de decirlo, porque a uno de ellos lo encontraron sin conocimiento en los pasillos del hotel de Ámsterdam donde se alojaba y cuando se suponía que estaba preparando el despliegue de seguridad para la visita de Obama a la capital holandesa.

No es el primer renuncio en el que pillan a los testosterónicos agentes del Secret Service. Hace un par de años doce de ellos fueron suspendidos tras llevar prostitutas a sus habitaciones en la cumbre de las Américas en Cartagena de Indias. Todo se destapó porque uno de ellos no quiso pagar el servicio y la mujer salió a los pasillos del hotel exigiendo su dinero. El escándalo fue mayúsculo, pero sólo porque se publicó. De hecho, varias investigaciones periodísticas destaparon que las prostitutas eran habituales en los viajes del Servicio Secreto, así como las visitas de los agentes a clubes de strip-tease.

De nada parece haber servido, pues, el hecho de que por primera vez una mujer dirija el cuerpo de seguridad personal más elitista del mundo; una mujer escogida por Obama tras el escándalo de prostitución de Cartagena de Indias para cambiar los modos y la imagen de un departamento eminentemente masculino. En Estados Unidos las mujeres podían votar 50 años antes de poder alistarse al Servicio Secreto. No fue hasta 1970 cuando admitieron a la primera fémina entre sus filas, eso sí, en servicios auxiliares. Hoy, de los 3.500 agentes especiales sólo 350 son mujeres, un porcentaje muy inferior al de otras agencias policiales.

¿Qué harán ellas mientras ellos se van de juerga a bares de alterne? Pues, como en algunos otros viajes de empresa, llamar al servicio de habitaciones y leer un buen libro en la cama. Quizá cuando sean algunas más, la cosas empezarán a cambiar.

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