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Macri lo tiene crudo

Escribo estas líneas desde un pequeño hotel de La recoleta, en el centro de Buenos Aires. Por aquí nadie te habla de Rajoy y Sánchez. Un editor independiente que no escribe al dictado de nadie publicita su cabecera diciendo “un medio creíble en un país increíble”. Macri ha sacado la guadaña y ha comenzado a podar corruptos, choros, golfos apandadores, y la tarea le va a llevar años. Confían en él, porque a peor era imposible ir. Lleva menos de un año y ahora recién comienza a dar la impresión de que las cosas pueden ir mejor, aunque la inflación sigue disparada y el personal lo sigue pasando mal. Una de las tareas más crudas que tiene por delante es esta de acabar con la violencia de las barras bravas en los estadios. Y eso que Macri, ex presidente de Boca durante 10 años, el club más poderoso entre los poderosos, conoce la materia mejor que nadie. La doce es una de las barras más bravas que se conocen.

El fútbol argentino está controlado desde hace años por un sistema corrupto hasta las cachas. En todas las instancias. La Federación, las compañías que se lo han montado con los derechos televisivos, los clubes, los agentes, un gang peligroso. Y las barras bravas, los grupos de ultras que más que animar a sus equipos la lían cada día. Son los dueños de los sentimientos y de los estadios. No hablamos de grupos violentos, como en España, sino directamente de organizaciones que matan, crimen organizado, porque se mueven millones y millones en venta y reventa de entradas, comercio de droga en los estadios, control de los chiringuitos en los que se venden comida y refrescos, venta de merchandaising, explotación de los aparcamientos.... Todo el control del negocio que rodea al fútbol, que aquí es más importante que la política, porque es la política quien lo controla también, y ya se sabe que la pasión mezclada con el poder es droga dura.

Macri ha puesto en marcha operaciones policiales, planes que afectan a diversos ministerios, un minucioso programa destinado a tratar de conseguir que sobreviva el fútbol como deporte y no como una subsección en las páginas de sucesos y tribunales. Lo tiene crudo. Las barras son más duras que los sindicatos. Más violentas. Ojalá lo consiga. Argentina se lo merece. Esta país increíble merece otros políticos. Como todos. Pero es la sociedad entera la que ha de cambiar sus hábitos. Está demasiado instalada la corrupción moral, ética y política en Argentina, hasta el tuétano, y salpica a todos los estratos sociales. Difícil tarea la de Macri, pero démosle algo de tiempo. Acaba de llegar. En un año no se desmonta este quilombo. Es una tarea hercúlea que requerirá de muchas legislaturas.

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