Gonzalo Gragera

Macron y sus posibilidades

De todas las opciones posibles y probables, la más favorable. Hablamos de Francia, país en donde se está debatiendo, como ya sucediera en otros países de Europa, España entre ellos, el careo entre la democracia liberal y representativa y su ocaso, debacle que responde al nombre del populismo, la xenofobia, el euroescepticismo, el nacionalismo y el proteccionismo, con media dosis de modelo asambleario y de políticos que se atribuyen el don de ser los verdaderos representantes de los intereses de una nación. Intereses que, oh casualidad, suelen coincidir con su ideario. Estos políticos, se llamen Le Pen o Iglesias, una francesa y el otro español, convergen en un mismo idioma. Si no, que le pregunten al periodista Rubén Amón, quien, con tergiversación como medio y finalidad, ha tenido que soportar el ninguneo y la caricatura de Iglesias en el único formato, junto con la televisión, en el que gana público: la red social. Luego está la realidad, pero ese es un campo que suele decepcionar a los que tratan de ver el mundo desde la óptica del prejuicio y del sesgo.

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Macron y sus posibilidades
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Gonzalo Gragera

Gonzalo Gragera

1991. En la actualidad colabora en la cadena COPE –Sevilla-, en Zenda y en The Objective. Su último libro es La suma que nos resta (Premio de Poesía Joven RNE), editorial Pre-textos.

De todas las opciones posibles y probables, la más favorable. Hablamos de Francia, país en donde se está debatiendo, como ya sucediera en otros países de Europa, España entre ellos, el careo entre la democracia liberal y representativa y su ocaso, debacle que responde al nombre del populismo, la xenofobia, el euroescepticismo, el nacionalismo y el proteccionismo, con media dosis de modelo asambleario y de políticos que se atribuyen el don de ser los verdaderos representantes de los intereses de una nación. Intereses que, oh casualidad, suelen coincidir con su ideario. Estos políticos, se llamen Le Pen o Iglesias, una francesa y el otro español, convergen en un mismo idioma. Si no, que le pregunten al periodista Rubén Amón, quien, con tergiversación como medio y finalidad, ha tenido que soportar el ninguneo y la caricatura de Iglesias en el único formato, junto con la televisión, en el que gana público: la red social. Luego está la realidad, pero ese es un campo que suele decepcionar a los que tratan de ver el mundo desde la óptica del prejuicio y del sesgo.

Pero de esa dialéctica entre democracia liberal –con su imperio de la ley y la conciencia de su vulnerabilidad, consecuencia, por otra parte, de su humanidad- y populismo, parece que apoyamos la primera opción, pese a todas las adversidades que han acompañado a Europa en la última década. Primero Holanda y ahora Francia. Si bien es cierto que el recorrido es aún largo y la incertidumbre considerable, todo apunta a que Macron saldrá victorioso de esta competición con Le Pen. Al menos en cuanto al voto y al discurso de sus políticas. Acaso será más complicado implantarlas. Mucho más, me temo, hacerlas efectivas. Pero lo dijo el escritor: todo es probable y nada es seguro.

De Macron esperan, esperamos, mucho. Sobre todo de su perfil liberal y progresista, un perfil que en España escasea, que incluso suena, para los Le Pen y los Iglesias, a contradicción. Quizá porque ahí vean a su primer adversario; su primer adversario con posibilidad material de tumbar las propuestas del populismo. Por otra parte, esa actitud y ese discurso de corte reformista y liberal brilla más, al menos hoy día, por la abstracción de las ideas que por la concreción formal de un partido, de una estructura, de un programa. Como sucede con Ciudadanos. Esa concreción formal de las ideas –saber a qué atenerse, primer requisito para saber adónde vamos- es el primer paso que deberían afrontar. Más aún cuando los otros, los del proteccionismo y el nacionalismo, lo tienen tan claro. Es evidente: destruir y cerrar siempre fue más sencillo que elaborar y crecer. Que proponer medidas originales, posibles, difíciles y constructivas. Que progresar.

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