THE OBJECTIVE
Daniel Ramirez Garcia-Mina

Madrid está despierta

Más allá de protocolos, de medidas políticas, de trajes de ciencia ficción, de manifestaciones improvisadas está Madrid, actuando como de costumbre, repitiendo una obra exitosa, la de los paraguas bajo la lluvia, la de las cervezas frías en Malasaña.

Opinión
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Más allá de protocolos, de medidas políticas, de trajes de ciencia ficción, de manifestaciones improvisadas está Madrid, actuando como de costumbre, repitiendo una obra exitosa, la de los paraguas bajo la lluvia, la de las cervezas frías en Malasaña.

Llueve en Madrid. En cuanto empiezan a caer las gotas, aparecen decenas de vendedores de paraguas que ofrecen su producto envuelto en plástico a todos los que callejean expuestos al agua, a los que atraviesan la Gran Vía a la intemperie, a ritmo de ciudad. Madrid reacciona rápido. La tormenta cae en las aceras como un disolvente en un vaso de agua. La lluvia besa el suelo y las calles hacen el resto.

Esta ciudad cambia de ropa continuamente. Se viste y se desviste al compás de la política, el tiempo, las manifestaciones… Está preparada, para lo previsto y lo imprevisto. Siempre tiene un as en la manga para lo que nunca ha acogido, incluso para lo que nunca ha padecido.

El Ébola ha llegado para poner a prueba a las aceras. En el Paseo del Prado, un furgón de televisión se acuesta ¬–casi todos los días- en las paredes del Ministerio de Sanidad. Los micrófonos, de todas las ideologías y colores, están al acecho del virus, para seguir sus pasos, para narrar el vuelo de la muerte. Un corrillo de taxistas, que espera conseguir una buena “carrera” a las puertas del Ritz, improvisa en los aledaños de la Plaza de la Lealtad una tertulia magnífica, completa. Los quiosqueros extienden las portadas en su mostrador, desde primera hora de la mañana, llenando de un Ébola dibujado en tinta las manos de los que todavía confían en el periódico.

Más allá de protocolos, de medidas políticas, de trajes de ciencia ficción, de manifestaciones improvisadas está Madrid, actuando como de costumbre, repitiendo una obra exitosa, la de los paraguas bajo la lluvia, la de las cervezas frías en Malasaña. Pero más allá de todo esto, también está la otra Madrid, la de los estrenos, la de las reacciones inesperadas, la que siempre permanece con los ojos abiertos, con una mirada que nunca abandona.

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