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Maleducados

No me gustan los tipos maleducados. No los soporto. Tampoco los diplomáticos (eufemismo de falsos sonrientes falsos), que conste. Cuando uno es (siniestramente) joven siente cierta atracción por los malditos. O al menos ese fue mi caso. Con los años, sin embargo, las tonterías de divos aburren. Uno de los mayores aburridores de ovejas es el sobrevalorado y plasta Bob Dylan. No he asistido a ninguno de sus conciertos, pero parece ser que hay gente que paga mucha pasta para que el tipo te cante cuatro canciones con voz de gallo desafinado y de perfil. Y ni sabe tocar la guitarra. Y con unas letras que dan pena empanadas.

De hecho la mayoría de sus composiciones son un plúmbeo regodearse en metáforas abrumadoras y pesadísimas. Pocas veces ha sabido narrar una historia emocionante. Like a Rolling Stone es excepcional.  Y a mí que me gusta la versión de los Stones…

Pero decía que no soporto a tipos que no saben comportarse. Ese desaire de imbécil hacia el incomprensible Nobel de Literatura. Esa tontería de aceptarlo pero no presentarse.  Al fin y al cabo estamos hablando de un pobre trovador peludo y palurdo que no hace más que engarzar imágenes sonsas sin fin.

Por otra parte, considero que Chuck Berry y Lou Reed escriben mejor que Dylan.

No me gustan los tipos maleducados. Admiro a los hombres nobles. Leonard Cohen agradeciendo el Príncipe de Asturias. Es el mejor discurso que he leído y escuchado. Un caballero.

Por no hablar del discurso de Albert Camus cuando el Nobel. Aquí un hombre:

“Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de cualquier cosa.”

Siento mucho respeto por la gente educada. Y por Albert Camus. Por los hombres que anteponen la educación de caballero al arte mediocre de literatos metafóricos. Por los hombres que anteponen cualquier cosa”.

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