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Malversación 'cisentida'

Es el cuadro completo de la carta electoral a los Reyes Magos del señor presidente del Gobierno, servida por su solícito paje Tezanos

Foto: CIS

El objetivo no es pronosticar: es influir. Influir, de momento, en la opinión publicada porque ése es el medio necesario para influir en la opinión pública. Influir en beneficio de parte, utilizando los medios que son de todos. Suena un poco a malversación de dinero público, sí, pero la malversación más consentida, en tiempo electoral, es la malversación cisentida.

El modelo fue ensayado, con tan poco éxito como nula exigencia de responsabilidades, hace solo unos meses en Andalucía. Había que animar a los votantes de los nuestros, había que pronosticarles un rotundo éxito para minar la confianza de los otros, de los de enfrente: inocular el miedo al fracaso entre sus líderes y el desánimo entre sus partidarios. ¿Quién quiere ir con un perdedor anunciado? Pues ni así. La sideral distancia de una apariencia de pronóstico con el objetivo de influir en el resultado se cuenta luego con la tranquilidad de saber que es gratis, que ha salido gratis, que nadie tuvo que asumir responsabilidad alguna, y que sigue intacta la capacidad de cometer de nuevo abultados errores de parte.

¿Intacta? Ah, no, el prestigio de la institución ha quedado muy dañado. Ya. ¿Y a quién le importa el prestigio cuando el juego es de influencias? En esta ocasión, además, el fracaso en el pronóstico sí amenaza consecuencias: la previsible destitución del máximo responsable del Centro de Investigaciones Sociológicas por haber utilizado una institución pública de investigación demoscópica como primero -y principal- instrumento de campaña electoral para el Gobierno de Sánchez. Pero esa consecuencia, por previsible, no podrá imputarse a la curiosa forma de malversación cisentida en la que se han convertido las encuestas del CIS. No podrá porque los cambios de Gobierno vienen acompañados de relevos, también en el máximo responsable del CIS.

El coste es cero; el beneficio, alto, pensará con toda razón el señor Tezanos. Seguimos si el pronóstico logra su influyente propósito de convertirse en profecía autocumplida; nos jubilan si nos sale otra previsión a la andaluza. Pues habrá que doblar la apuesta, pronosticar un escenario que -esta vez, sí- desarbole al contrincante, inocule un miedo insuperable entre sus filas y, lo que es más importante, fije un marco de debate en el que nadie discuta quien será el ganador y quienes los perdedores. Ya con eso llevamos ganada la mitad de la profecía autocumplida.

Porque el CIS, por muy mermado que esté su prestigio debido a los malabarismos de Tezanos, mantiene intacta su capacidad de fijar el marco de debate en el influyente mundo de las previsiones sociológicas. Y el marco que ha dibujado el macrobarómetro electoral publicado el 9 de abril (con encuestas realizadas a principios de marzo) detalla con toda nitidez el paisaje electoral soñado por el jefe del señor Tezanos: don Pedro Sánchez.

Es el paisaje de un PSOE recuperado que solo necesita apoyarse en partidos amigos para gobernar cuatro plácidos años; es el paisaje de un PP destrozado, con un centro derecha tan partido que ni sumando trozos anhela mayorías; es el paisaje del premio a los nacionalistas amigos, de la moción y después de la moción (se llamen ERC o Bildu), y del castigo a quienes se obstinan en poner dificultades (singularmente los de Puigdemont y Torra); y (last, but not least) es el paisaje, al galope, de una ignota y engordada nueva derecha que asusta y espolea el voto del más indeciso socialista…

Es el cuadro completo de la carta electoral a los Reyes Magos del señor presidente del Gobierno, servida por su solícito paje Tezanos. Los dos saben que la alharaca de la opinión publicada funciona como el mejor multiplicador del eco de tambores para la batalla electoral… ésa que medirá en votos cómo es, en este momento, la opinión pública. En eso estamos.

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