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Manual de investidura

"Si hubiera empezado a leer Manual de resistencia cuando lo recibí, habría resuelto hace tiempo el enigma de la investidura"

Foto: Ediciones Península | Twitter

Escogí un mal día –ayer miércoles– para empezar a leer Manual de resistencia firmado por Pedro Sánchez. Porque allí había estado, desde que el libro se publicó, la solución del enigma de la investidura.

Por mi incapacidad para desintoxicarme, porque ya lo malinterpreto todo en clave de Procés, empecé a leer el libro buscando la versión sanchista de la crisis catalana. Uno de los epígrafes de dicho capítulo arranca con una meditabunda reflexión, rematada por la cita redonda de un consejero áulico. “Siempre he pensado que, ante cualquier problema grave, los políticos siempre tienen dos opciones. Una es anticiparse a los problemas y resolverlos antes de que se produzca la crisis. La otra es dejar estar las cosas hasta que estalle la crisis. Kissinger plantea muy bien este dilema, porqué él ve que anticiparse es siempre lo más complicado”. El presidente Rajoy, se dice allí, dejó que la crisis estallara. En su espejo de príncipes, por el contrario, Patronio Sánchez afirma saber cómo debe comportarse el buen político ante una crisis como aquella. “Un gobernante debe siempre anticiparse a los problemas, porque en política llevar la iniciativa es crucial para solucionar las cosas”.

Desde hace casi medio año Pedro Sánchez debía enfrentarse a un problema y él, más que nadie, era el principal interesado en resolverlo: lograr apoyos, más allá de su partido, para ser investido por una mayoría que, como la de la moción de censura, sería multipartidista o no sería. No era la primera vez que estaba allí. En las mismas estuvo en julio pasado, y fracasó. Pero antes, tras las elecciones generales que se celebraron el 20 de diciembre de 2015 y tras haber recibido el encargo del Rey, había estado en el mismo lugar. Y fracasó también. Por entonces ya sabía qué esperaba su electorado de él, según revela el Manual. “El sentir mayoritario nos pedía formar una mayoría a las dos izquierdas y crear una suerte de cooperación competitiva en la que ambas se retroalimentaran”. En las elecciones del 2015 PSOE y Podemos sumaron 8.743.899 votos. Con los años ese sentir fue a más. En las últimas generales, tras haber gobernado uno y el otro haber sido el socio preferente, fueron prácticamente tres millones más los que ambas fuerzas sumaron. Parecía lógico creer, pues, que a la tercera iría la vencida. Lo parecía pensando no solo en la mayoría electoral reforzada de las izquierdas sino esperando que la doble experiencia del fracaso, que puso las instituciones en una tesitura crítica, hubiera sido su mejor aprendizaje. Pero nos equivocamos, pobres ingenuos, porque no leímos.

Escogí un mal día –ayer, miércoles de decepción– para empezar a leer Manual de resistencia. Si lo hubiera empezado cuando lo recibí, habría resuelto hace tiempo el enigma de la investidura. Porque lo que al fin ha ocurrido estaba perfectamente descrito en las páginas del libro. En 2015, a la hora de negociar un acuerdo de gobernabilidad y cuando la mayoría de la moción de censura era impensable, Sánchez situó a Podemos en la misma disyuntiva de competencia que ahora al tiempo que identificó de manera nítida a Ciudadanos como el socio ideal: podía actuar como el socio necesario para regenerar el Estado del 78 y estabilizar la crisis institucional abierta con el 15M. Era cuestión de tiempo. Cuando Rivera ha asumido de nuevo ese papel, porque así se lo han dictado las encuestas, el enigma de la futura investidura de noviembre ha empezado a cerrarse. Parece de manual.

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