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Maracanazo organizativo

Lo que menos miedo me da del inminente Mundial de Fútbol es el campeonato. Nos llevan tiempo avisando del caos organizativo e inseguridad que rodea a un país socialmente convulso. Estamos a poco más de una semana para el partido inaugural y las noticias que nos llegan no son como para tocar la vuvuzela.

Lo que menos miedo me da del inminente Mundial de Fútbol es el campeonato. Nos llevan tiempo avisando del caos organizativo e inseguridad que rodea a un país socialmente convulso. Estamos a poco más de una semana para el partido inaugural y las noticias que nos llegan no son como para tocar la vuvuzela.

Porque Brasil es, no cabe duda, el origen del fútbol-samba, la cantera de equipos de medio mundo, pero también es un caos integral. Basta recordar, sin ir mucho más lejos, la surrealista escena vivida en la última Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro. Allí hubo de todo menos organización y seguridad. Los policías que abrían paso el coche del Papa se metieron por el lugar equivocado, provocando una situación descontrolada en la que pudo pasar de todo. Se ve que Francisco tenía una protección extra.

Sin embargo, no parece que estos antecedentes, el descontento social y el desembarco policial en las populosas favelas sea buen presagio. Estoy seguro de que la FIFA es muy consciente del terreno de juego que se van a encontrar en las calles esos días, así que ya saben lo que se juegan. Mucho más que un Mundial. Porque, si el asunto se va de las manos, algunos van a tener que buscarse un nuevo empleo.

Para calmar a las enfurecidas masas, que incluso se han puesto en contra de su propio Mundial, la presidenta Dilma Rousseff, ha salido a la palestra para inaugurar “un sistema de bus rápido” en Río. Lo que no ha dicho es que está a medio construir.

Nadie ha olvidado el famoso Maracanazo en el que Uruguay dejó sin título a Brasil en su propia casa. Esta tragedia nacional provocó no pocos suicidios de aficionados de la canarinha. Años más tarde, el entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet, recordaba: “Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay”. Pues eso, mucho ojo con los imprevistos.

Y que gane el mejor (o sea, España).

 

 

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