Melchor Miralles

Mariano y Rajoy

Rajoy tiene decidido que quiere ser de nuevo el candidato del PP en la próximas elecciones generales, y ya lo anunció Mariano a su estilo: "En la medida que yo vaya viendo cómo se van produciendo los acontecimientos, intentaré repetir como candidato", que en lenguaje Mariano quiere decir, "aspirantes, olvidaos del todo, yo seré de nuevo el cabeza de cartel, os guste o no os guste".

Opinión

Mariano y Rajoy
Foto: SERGIO PEREZ| Reuters
Melchor Miralles

Melchor Miralles

Periodista, productor de televisión y cine y escritor. Le gusta leer, viajar, comer, o sea, un disfrutón de la vida.

Rajoy tiene decidido que quiere ser de nuevo el candidato del PP en la próximas elecciones generales, y ya lo anunció Mariano a su estilo: «En la medida que yo vaya viendo cómo se van produciendo los acontecimientos, intentaré repetir como candidato», que en lenguaje Mariano quiere decir, «aspirantes, olvidaos del todo, yo seré de nuevo el cabeza de cartel, os guste o no os guste».

Y fue Mariano a anunciarlo el mismo día que Ricardo Costa daba la puntilla al PP al confirmar en su cantada ante la Audiencia Nacional en el juicio de la Gürtel que el PP se financió ilegalmente, comprometiendo a Francisco Camps y al propio Rajoy y el resto de los mandamases de Génova.

Rajoy atraviesa un momento delicado, el asunto catalán sin arreglar y con mala cara, la Gürtel que no cesa y se complica, las encuestas y Aznar y su FAES aupando a Rivera y sus ciudadanos, la dirigencia de Génova harta ya de estar harta, el Gobierno un punto débil, los Presupuestos difíciles, pero Rajoy sigue, no deja de correr en su cinta de La Moncloa cada día, aunque no avance nada, y él lo tiene claro, y a los que se sueñan sucesores les dice que, como Dante a las puertas del infierno, pierdan toda esperanza. Él quiere tratar de agotar la legislatura.

Ya ha batido el récord de permanencia en el poder. Ha pasado por un AYUNTAMIENTO, cinco ministerios y lleva dos presidencias y media, y ello acredita que, como él gusta decir, el que resiste, gana. Por eso se siente ganador, y la demoscopia se la suda, como las conspiraciones para acabar con él, que no son pocas. Va apilando cadáveres de enemigos a los que deja morir solos, que parezca un accidente.

Mariano y Rajoy se llevan bien, se entienden ellos, y no les importa que los demás no les entiendan, ni en su propia casa. Van a lo suyo, y les ha salido todo bien. Los resultados les acompañan. No hay quien les tosa. El PP está anestesiado, y aunque le duelen las críticas de quien se colocó a dedo en donde está, espera que se cueza en su propia salsa, como tantos otros, mientras él sigue gobernando España y el PP a su antojo, a su ritmo, con su estilo que no entusiasma a nadie, excepto a él mismo y a los que le bailan el agua cada mañana incapaces de hacerle ver las realidades.

Presume de tener al partido todos a una, y se lo cree, porque lo conoce, y sabe que no hay huevos para hacer un movimiento serio para moverle de la silla, el que se mueve no sale en la foto. Aguantar, esperar y ver, no tomar decisiones si no es imprescindible, aguantar la lluvia con el paraguas abierto y que los adversarios y los enemigos se muevan y se vayan achicharrando, y él a lo suyo. yo sigo, me queda mucha cuerda, y si aburro que se aguanten.

Así es Rajoy, y Mariano a su lado, como si fueran uno solo. Hasta que en una de estas le pille alguno de los toros que merodean. Lo de la Justicia e le está poniendo complicado, se prepara ya con abogados para comparecer en la Audiencia nacional de nuevo, pero no se inmuta, sigue tranquilo, convencido de que la cosa pasará, y el seguirá, como siempre, al mando de estas naves, Rajoy sin entusiasmar más que a Mariano, pero con eso es suficiente.

Lo demás le trae al pairo, y al que no le guste, que espera su momento, que a lo mejor no llega nunca.

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