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Marina y Caroline

Foto: Juan Guzmán | EFE

Dos fotos icónicas: La joven miliciana Marina Ginestà con un fusil al hombro en la azotea del Hotel Colón de Barcelona y la joven Caroline de Bendern enarbolando una bandera vietnamita en una manifestación de mayo del 68. Dos versiones de la libertad guiando al pueblo con las que nuestros jóvenes se pueden identificar.

Fue Manuel, el hijo de Marina, quien me contó la historia de Caroline en un restaurante del Quai de la Loire y desde entonces sus nombres forman para mí las dos caras de una moneda que fue adquiriendo valor político a medida que la Libertad guiando al pueblo de Delacroix iba pidiendo un aggiornamento.

Marina y Caroline 1

Portada de Paris Match con la fotografía de Jean-Pierre Rey.

En su momento, las dos fotos pretendían mostrar una parte de la realidad, pero hoy, en la cultura de masas, resumen nuestra proyección panfletaria sobre la complejidad de dos épocas transformadas, ellas mismas, en relatos míticos. Las dos hablan más del presente que del pasado. De hecho, sólo comenzaron a ser conocidas por el gran público a partir de los años 80. La de Marina fue descubierta a finales de esta década y rápidamente comenzó a aparecer en portadas de libros y carteles de exposiciones, hasta formar parte esencial del imaginario de nuestros jóvenes sobre la guerra de sus abuelos. La de Caroline se convirtió en icono cuando para conmemorar los 20 años del 68, Paris Match y L’Express coincidieron en reproducirla en sus portadas. A partir de este momento se la conoció como la Marianne de mayo del 68. Sin proponérnoslo conscientemente, dejándonos llevar por la seducción estética, hemos convertido a Caroline y a Marina en símbolos, en variaciones de un mismo proyecto de reducción de la ideología a estética, de calcificación de la historia en poster. De esta manera, sustituyendo los hechos por buenos sentimientos (la belleza siempre convence) podemos resarcirnos de la derrota de la revolución. Esto es algo que no se puede hacer con Delacroix, porque sabemos que está poetizando la revolución de 1830, pero sí con el periodismo gráfico, porque damos por supuesto su valor objetivamente testimonial.

La verdad es que Marina y Caroline sólo pasaban por allí.

Marina tenía 17 años. El fotógrafo alemán Hans Gutman la vio con su uniforme de miliciana recién estrenado y le puso un fusil en el hombro que parece que sólo pueda disparar poesía. Pero disparaba balas, como comprobó la propia Marina cuando se le escapó un tiro y recibió un bofetón del miliciano al que estuvo a punto de alcanzar. Mientras en la azotea del Hotel Colón ella miraba al horizonte, en la fachada que daba a la Plaza de Cataluña se desplegaban las imágenes de Lenin y Stalin.

Caroline era una modelo que vivía en Nueva York frecuentando el entorno de Andy Warhol y la Velvet Underground. Viajó a París para participar en una película, pero mayo se interpuso en su camino. El día 13 participó por primera vez en su vida en una manifestación, acompañada por el artista Jean-Jacques Lebel, que se prestó a llevarla a hombros. Lebel llevaba varias banderas y le pidió a Caroline que hiciera ondear la que eligiera. Como no sentía simpatía ni por la roja comunista ni por la negra anarquista, prefirió la del Vietnam, que le recordaba las protestas pacifistas de los jóvenes norteamericanos. Al comenzar a agitarla se dio cuenta de que varios fotógrafos la estaban enfocando y supo ofrecer la pose solemne que la situación requería. Unos días después, su abuelo, el conde Maurice Arnold de Bendern, descubrió horrorizado la foto de su única heredera, en una revista y se puso furioso. Le ordenó que acudiera inmediatamente a la villa que poseía en Biarritz y rojo de ira le comunicó que estaba desheredada. También las casas de moda prescindieron de sus servicios. No les interesaba contar con una modelo izquierdista. Si se trataba de cambiar la vida, a Caroline mayo del 68 se la cambió por completo.

 

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