Natalia Angulo Haynes

Mayday

La ley del mar es aquella por la que se rigen los barcos en el mar y son tradiciones y leyes por las que se guían los marinos de todo el mundo. Tradiciones como que el capitán sea el último en abandonar el navío; el deber, por encima de cualquier otro, de socorrer al náufrago o nave en peligro de hundirse.

Opinión

Mayday

La ley del mar es aquella por la que se rigen los barcos en el mar y son tradiciones y leyes por las que se guían los marinos de todo el mundo. Tradiciones como que el capitán sea el último en abandonar el navío; el deber, por encima de cualquier otro, de socorrer al náufrago o nave en peligro de hundirse.

La ley del mar es aquella por la que se rigen los barcos en el mar y son tradiciones y leyes por las que se guían los marinos de todo el mundo. Tradiciones como que el capitán sea el último en abandonar el navío; el deber, por encima de cualquier otro, de socorrer al náufrago o nave en peligro de hundirse; el consenso en que la señal de socorro universal en el mar es MayDay y que obliga a toda nave que la escuche a acudir inmediatamente o aquella que dice que un barco sin capitán puede ser reclamado por cualquiera que lo aborde son algunas de estas costumbres.

Se trata de tradiciones marítimas, normas consuetudinarias también recogidas en el Derecho Internacional y en La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

La ley marítima es muy curiosa porque está basada en una lógica que los marinos siempre han respetado por encima de cualquier otra: la lógica de la supervivencia. Se puede decir que la seña de identidad de los hombres de mar es la solidaridad y que salvar es la primera regla. Por eso no se entiende que en la actualidad  nadie parezca conocerla. Resulta inconcebible que en Italia les esté prohibido a los pesqueros recoger a los inmigrantes que han naufragado bajo pena de cárcel, que en costas españolas la policía dispare balas de goma contra naúfragos o que se den casos como el del capitán del Costa Concordia y el del actual que nos ocupa ahora, el Sewol, capitanes que, rompiendo la orgullosa tradición entre los oficiales al mando de un buque de no abandonar a sus pasajeros ni a sus navíos, son los primeros en abandonar la nave que pilotan cuando ésta se hunde.

Las acciones del capitán y la tripulación del transbordador hundido Sewol «son similares a asesinatos», dijo el lunes la presidenta de Corea del Sur, Park Geun. El capitán ha sido acusado formalmente de causar el hundimiento de la nave Sewol y de abandonar el barco sin intentar salvar la vida de los pasajeros violando la «ley del mar», un comportamiento no solo criminal sino bochornoso, que ha originado que se le conozca con el sobrenombre de “demonio de Sewol” en las redes sociales de Corea del Sur.  

Una vez más se ha violado la ley del mar y ahora los equipos de búsqueda sacan por decenas los cuerpos de los pasajeros acompañados por los gritos y llantos de sus familias.  

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