THE OBJECTIVE
Xiskya Valladares

Me duele la indiferencia

A mí me preocupa la indiferencia general que percibo. No solo por la posible amenaza que supongan, sobre todo porque seguimos sin saber cómo ayudar, qué hacer, cómo mostrarnos solidarios con los miles de víctimas del Estado Islámico. Decía Martin Luther King: “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.

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Me duele la indiferencia

A mí me preocupa la indiferencia general que percibo. No solo por la posible amenaza que supongan, sobre todo porque seguimos sin saber cómo ayudar, qué hacer, cómo mostrarnos solidarios con los miles de víctimas del Estado Islámico. Decía Martin Luther King: “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.

En abril de 2014, el ISIS cambió su nombre por IS (Estado Islámico) retirando la coletilla “para Irak y Siria”. Explicaba su jefe que el califato no era solo para Irak y Siria, sino para el mundo entero. Por eso el cambio. Hace unos días leí que en Argelia una fracción de Al Qaeda se unía a este Estado Islámico y que en un video decían que iban a conquistar Al Andalus. Ahora me entero que esta misma organización ha comprado Gornja Maoca, en Bosnia, un pueblo deshabitado y muy próximo al Mediterráneo, con una base para atacar Europa desde dentro.

Desde marzo de este año ya leía que la bandera del Estado Islámico ondeaba en Bosnia. No es que hayan comprado literalmente el pueblo, es que poco a poco los terrenos y casas del lugar han sido adquiridos por terroristas que han estado en Siria o que han sido acusados de atentados, es decir, miembros de este grupo terrorista. Por eso, reporteros de The Mirror han viajado para confirmarlo. Las noticias solo han llegado en inglés, como casi siempre cuando se trata de estos temas. Aunque los reporteros lo han confirmado, Investigación Estatal de Bosnia y Herzegovina y la Agencia de Protección (SIPA) no han detectado actividad alguna terrorista en la zona. Pero las señales están ahí: banderas de IS que ondean, miembros de la organización que han comprado terrenos y casas, ruidos de balas una vez a la semana etc.

Cuando hace unos días nos enteramos del secuestro de los tres periodistas españoles en Alepo (Siria), nos decían que su publicación entorpecía la labor investigadora del CNI. Seguro que es así. Sin embargo, me da la impresión de que no somos del todo consciente de lo que históricamente estamos viviendo en torno a este fenómeno yihadista. Tampoco sé hasta qué punto se vislumbra la amenaza que ciernen sobre Europa. Cuando estuve en Irak todos los refugiados nos decían: “Cuidado, ellos no quieren Occidente y si a vosotros os toca lo que a nosotros, entonces nosotros estamos perdidos”.

A mí me preocupa la indiferencia general que percibo. No solo por la posible amenaza que supongan, sobre todo porque seguimos sin saber cómo ayudar, qué hacer, cómo mostrarnos solidarios con los miles de víctimas del Estado Islámico. No creo que nos paralice el miedo. Creo que nos atonta nuestro europa-centrismo, nuestra comodidad, y nuestro no querer ver más allá de nuestro ombligo. Decía Martin Luther King: “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.

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