María Jesús Espinosa de los Monteros

Memoria de pez

«La destrucción de nuestra concentración se asienta en el fomento -por parte de grandes compañías tecnológicas- de nuestra continua ansia de novedades»

Opinión

Memoria de pez
Foto: MOHAMED AZAKIR| Reuters
María Jesús Espinosa de los Monteros

María Jesús Espinosa de los Monteros

Apasionada de la radio, los podcasts, la literatura y el cine. Una vez hice una tesis doctoral sobre R. W. Fassbinder. También tengo dos Premios Ondas.

La histerización de la conversación pública llegó a cierto cénit esta semana cuando a la marcha (¿o es mejor decir huída?) de Juan Carlos I de España se le unió la deflagración portentosa y aterradora de Beirut tras la detonación de 2.750 toneladas de nitrato de amonio que propició una enorme bola de fuego al aire y generó una nube con forma de hongo y cuya onda se expandió también por todos los teléfonos móviles del mundo. Fue una explosión viral que bien podría parecer una metáfora exacta del 2020 que vivimos. 

En su libro La civilización de la memoria de pez. Pequeño tratado sobre el mercado de la atención (Alianza Editorial), el escritor Bruno Patino explica que la narración única ha desaparecido: «La tecnología y la conexión permiten a todos, instituciones e individuos, expresarse, reaccionar y comunicar. Difuminan la identidad de los participantes y destruyen la categoría de los relatos». De esta manera, en un magma digital entrópico se juntan encuestas rigurosas (no las del diario ABC a propósito de abandono del rey emérito), opiniones, testimonios, informaciones, análisis precisos y bromas que son deglutidos por el todopoderoso algoritmo que vomita después, en todas las redes sociales, su particular relato.

Como recuerda Patino, parafraseando a Thomas Jefferson, no existiría demasiado problema en admitir y tolerar errores y opiniones falsas si se dejara a la razón combatirlos. Pero tal posibilidad ya no existe: la destrucción de nuestra concentración se asienta en el fomento -por parte de grandes compañías tecnológicas- de nuestra continua ansia de novedades. Una codicia que, por tanto, cancela nuestra concentración.

¿Y qué relatos creamos como sociedades histéricas? Unos absolutamente desquiciados, naturalmente. Es lo que conocemos como conspiraciones: ¿ha sido la marcha del rey un plan urdido por un gobierno filocomunista que pretende acabar con la monarquía? ¿estaba Israel implicado en la explosión de Beirut? La retórica conspiracionista, explica Patino, siempre comienza con preguntas del estilo: «¿puede ser casualidad que…? ¿por qué nadie habla de…?». Huyan de esas informaciones, de esos contenidos. Conviértanse en detectives si hace falta. La probabilidad de que la conspiración se convierta en el relato icónico de nuestra época digital parece plausible: «(…) las creencias de cada cual acaban estructurando su propia realidad para convertirse en una verdad que creen compartida».

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