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Mentiras molonas

Ustedes, que son personas bien informadas, saben que una de las palabras de moda de este fin de 2016 es “postruth”. Saben que es la palabra del año para el prestigioso diccionario de Oxford; sin duda leyeron el número del “The Economist” de principios de noviembre dedicado a ese “arte de la mentira” (art of lie) que con tanta habilidad practican avispados líderes políticos de moda para vender milongas que no resisten el más mínimo contraste con la dura y antipática realidad. Pero me atrevo a intuir que no acaba de gustarles la traducción automática de “postruth” como “postverdad” que algunos empiezan a utilizar. A mí tampoco porque no es eso, no es que estemos ante nada posterior a la verdad sino ante algo que mola más que la verdad; mucho más. Estamos ante las “mentiras molonas”. Vivimos una epidemia de mentiras molonas que han encontrado comprador porque la verdad tiene muy poca gracia.

Durante demasiado tiempo, en España, los mayores fabricantes de una realidad paralela de enormes mentiras que resultaban molonas para mucha gente han sido (quizá sigan siendo) los independentistas. La trola incluía (incluye) ensoñaciones con amenazadores tanques de algún imaginario ejército de ocupación recorriendo la Diagonal de Barcelona. ¡Y los tanques sin llegar! En el entretanto se rompen y queman fotos y banderas, se amenaza con referéndums tan ilegales e imposibles como crecientemente desprestigiados, se empobrece -económica y culturalmente- a la que durante siglos fue la región más prospera y pujante de España… Se sigue engordando la mentira, pero ¡ojo!, al riesgo de que, por aburrimiento, deje ser molona. Posiblemente, ya han dejado de ser mentiras molonas para quedar, simplemente, en pesadísima matraca.

Por cierto, frente a esa mentira de referéndums ilegales que ya ni es molona, un recordatorio de un gran referéndum legal del que hace escasas fechas, el 15 de diciembre, se cumplieron 40 años. El Gobierno Suárez preguntó a los españoles si aprobaban el Proyecto de Ley para la Reforma Política que puso en marcha la democracia en España; la democracia sin ruptura, la democracia de la reconciliación, una gran democracia europea. Pues bien, el 94,2% de los españoles dijo que Sí, que “a favor”. Sólo dijo que No el 2,6%. Y eso con una participación del 77,4%. Vale, ¿y en Cataluña? Pues en la provincia de Barcelona, el Sí ganó con el 92,84% de los votos; en la de Girona, el Sí venció con el 91,76%; en la de Lleida, el Sí se impuso con el 95,25%, y en la provincia de Tarragona, el Sí arrasó con el 95,26% de los votos. Claro que esto no son mentiras molonas sino sólo un breve recordatorio de la aburrida verdad histórica. ¡Y los tanques sin llegar!

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